Una lectura posible acerca del aislamiento social y las toxicomanías
por Julieta Mercerou

En el inicio del aislamiento social,  preventivo y obligatorio llamó mi atención cómo  algunos diarios y artículos llamados de investigación científica, publicaban sus últimas estadísticas, los números parecían tajantes, absolutos, sin admitir otras lecturas posibles: “Se duplica el consumo de alcohol”. Una revista sostenida en el discurso universitario refería: “Especialistas revelan que la cuarentena puede abrir la puerta a las adicciones”

Al retomar las entrevistas con pacientes con problemática de consumo, agradable sorpresa escuchar que estando aislados, algunos sujetos, habían logrado el cese en el consumo de  sustancias.

Me pregunto cómo para estos sujetos en los que una determinada sustancia ocupaba un lugar en su economía psíquica, y que habían logrado cierta estabilización por vía del tóxico, para relacionarse con los otros o para aislarse de los otros, hoy en esta situación excepcional de cuarentena y aislamiento social se encontraban sin consumir. Aparece insistentemente el concepto función del tóxico, esa brújula que muchas veces guía el comienzo de la dirección de la cura en pacientes toxicómanos, algo de esa función parecería que se jugara en el cese del consumo, retorna una pregunta en relación a la clínica actual, qué sucederá con ellos cuando nuevamente sean impulsados al lazo con el otro.

Recordemos a Roger Keith Barred, cuyo nombre artístico fue Syd Barrett, fundador de Pink Floyd, quien terminó aislado fuera de todo circuito social, como consecuencia de lo que podría leerse un progresivo desenganche del Otro.  A diferencia de algunos sujetos que con el empleo del tóxico logran establecer un lazo con el Otro, encubriendo las dificultades estructurales o sintomáticas; en el caso de Syd la solución fue fallida, el consumo de múltiples sustancias, en especial LSD, fueron produciendo un empobrecimiento en sus relaciones y lazos; llevándolo incluso a la desconexión con la música. Me pregunto cómo hubiera vivido Syd la situación de aislamiento social actual; justamente él para quien lo social, los escenarios, las exposiciones y los lazos se volvían tortuosos.  Y cuántos sujetos se encuentran en una posición similar, donde lo intolerable no es el aislamiento sino el lazo con el Otro

Cito a la magnífica película The Wall, dirigida por Alan Parker, y me pregunto cuanto influyeron las experiencias de Syd Barret en su creación. Recuerdo particularmente una escena de la película, allí el personaje ficticio Pink, después de un concierto, llega a su casa con una mujer, él prende el televisor, se sienta, mostrando la indiferencia total hacia el Otro, incluso el Otro sexual; la mujer intenta establecer un diálogo, le pregunta ¿Te gusta la tele? ¿Puedo tomar un vaso de agua? Él se mantiene dentro de sí, no puede dar ninguna respuesta. Incluso la mujer se acercará, estableciendo un pequeño contacto físico y cuando los cuerpos se tocan Pink empieza a romper todo en su habitación, graficando lo imposible de tolerar de la relación con el Otro, cuando el Otro se vuelve intrusivo.

En la siguiente escena de la película, se observa cómo ingresan a la habitación diferentes sujetos, el dueño del hotel, personal de seguridad, el representante de la banda, médicos; quienes tratan de “ayudarlo”; “Hola, ¿hay alquien ahí?” comienza a sonar la música, Pink está acostado, desconectado de su entorno; la canción continúa, “tus labios se mueven pero no puedo oír lo que estás diciendo”, quizás sea una forma poética de transmitir lo que es estar en el lenguaje pero no en el discurso.  Finaliza la melodía con la frase “estoy confortablemente adormecido”, efecto de la sustancias y de la progresiva desconexión con el Otro.

Resuenan imágenes de ese muro construido por Floyd en la emblemática película, cuando el lazo con el Otro se vuelve insoportable y la única salida posible es el aislamiento.  Ese muro graficado en la película con ladrillos apilados uno a uno, ese muro construido muchas veces por vía de la sustancia en el sujeto toxicómano.

Planteo una arriesgada hipótesis, si el tóxico es lo que permite un autoerotismo, goce mortificante que deja al sujeto por fuera del Otro, ¿El Discurso del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio funciona, en algunos sujetos, como un remplazo del tóxico, ya que se trata de un Discurso Universitario que avala el estar sin Otros?

Retomando la frase incial “se duplica el consumo de alcohol” habrá que preguntarse en qué sujetos, qué función ocupa el tóxico para ellos. El otro título que llamó mi atención “especialistas revelan que la cuarentena puede abrir la puerta a las adicciones” posiblemente haya algunos sujetos, que atravesados por la contingencia de la pandemia y el aislamiento, empiecen a hacer un uso compulsivo de alguna sustancia.

Una vez más se trata de resaltar la importancia de seguir apostando a la individualidad, al cada uno, al caso por caso; sin caer en un Discurso Universitario que produce una subjetividad colectiva, donde se pierde lo singular del cada uno.  Habrá que escuchar cómo cada cual desde su singularidad ha podido tolerar o aprovechar la contingencia por la pandemia por covid-19.

JULIETA MERCEROU

Practicante del psicoanálisis. Amante de la pizza y de sus significantes asociados. Participante del grupo de estudio de investigación del psicoanálisis en las instituciones de ACEP.