UN HALLAZGO, ENSEÑA | El saber en las presentaciones de enfermos
por Gustavo Saraceno

En esta oportunidad, la pregunta que me orienta y que me interesa poner en conversación con otros puedo plantearla bajo esta forma: ¿Cuál es el estatuto del saber en las presentaciones de enfermos?

Lo primero que me resuena es un texto de Jacques Alain Miller (1987) que titula “Enseñanzas de las presentaciones de enfermos”. Enseñanza y saber hayan un punto de encuentro en este dispositivo del cual se sirve Lacan.

Que la psicosis enseña al psicoanálisis acerca de la relación del sujeto con el lenguaje es algo que ha hecho eco en cada uno de nosotros quienes participamos como parte de la asistencia en las distintas presentaciones de enfermos. Que sea el sujeto psicótico quien profiera un saber fue a condición de la torsión que Lacan hiciera del dispositivo heredado de la psiquiatría, quedando su posición en entera sumisión a las condiciones subjetivas del enfermo, sin comprender, suspendiendo todo saber. Lo no sabido, en tanto que opera como marco del saber, es lo que se desprende de la introducción del discurso analítico. Es la posición del analista bajo la docta ignorancia, la que otorga al enfermo su condición de sujeto que, mediante el acceso a la palabra, será posible un cierto hallazgo singular. Subrayo el significante hallazgo, que Lacan por cierto utiliza para referirse al fenómeno de la alucinación marrana, como aquello que se extrae como marca singular de un sujeto en cada presentación (Lacan, 1995-56)

Con esa misma orientación es que puede leerse lo afirmado por Miller, en el texto mencionado al referirse a la posición de Lacan respecto al saber que se desprende en cada presentación: “Enseñanza, Lacan no profesa ninguna en ese lugar. Lo que se aprende, se capta al vuelo, de la boca de uno o de otro, y nunca se está demasiado seguro de asir algo con la mano, o nada” (Miller, 1987. p.155)

Es ese hallazgo lo que viene al lugar de la verdad sirviéndonos del discurso analítico para pensar el dispositivo de presentación de enfermos. Verdad que, en tanto hermana del goce, es no toda dado que no se reduce al significante y puede sólo ser dicha a medias. (Lacan, 1970).

Es por tal motivo que la verdad que se alcanza en el dispositivo de presentación de enfermos, nos recuerda Miller, no puede ser objeto de una enseñanza dogmática. (Miller, 1987).  Cuestión que marca su incompatibilidad con el discurso universitario donde el saber, ocupando el lugar del agente, opera como un amo encarnado en la figura del maestro, portador de ese saber que se imparte a otros y que se pretende ilustrar. Rige un imperativo a la acumulación y repetición del saber que se inscribe en una lógica universal que aplasta el surgimiento de un saber singular. (Valcarce, 2015)

Conviene hacer lugar aquí a las resonancias que dejó la última plenaria del Seminario Clínico Anual de IOM2 en Mendoza, donde María Eugenia Molina[1], destaca cómo algunos discursos, como por ejemplo la ciencia, empujan al saber hacia el lugar de una verdad absoluta capaz de ser traducida y enunciada. Este saber, que quedaría más del lado del conocimiento, no se corresponde en absoluto con el saber al que hacemos referencia en el discurso analítico. En este último, más bien de lo que se trata es de un saber que está en relación a la verdad y al goce, por lo que cada presentación de enfermos de lo que se trata es de la transmisión de una experiencia singular que testimonia la manera en que el cuerpo fue afectado por el significante.

Lacan nos recuerda en “Radiofonía” que saber y verdad sufren juntos, que no hacen un todo; radical diferencia que se mantiene con el conocimiento. Sufren de lo real, por lo que agrega: “es que de la verdad no podemos aprender todo” (Lacan, 1970. p. 466). Lo que se alcanza es sólo un pedazo en tanto que lo real marca su límite.

Ese trozo de verdad al que se reconoce como hallazgo en las presentaciones de enfermos enseña. Esta afirmación sólo se sostiene en la medida que, quienes participamos como parte de la asistencia, nos encontramos allí por la transferencia hacia Lacan y su enseñanza.

Ese hallazgo induce al trabajo con otros, en un lazo transferencial que apuesta a la enseñanza de Lacan que, en palabras de Miller (1990), no se propone como un saber cerrado, completo ni dogmático para repetir sino que nos conduce, como en la experiencia analítica, al trabajo de uno por uno, como analizantes y como enseñantes.

 

 

GUSTAVO SARACENO

CID Mendoza.

Responsable de la subcomisión Presentación de Enfermos del IOM2 Mendoza.

Docente e Instructor de residentes.

 

 

 

 


Bibliografía

Lacan, J. (1955-56) “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”. En Escritos 2. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI

Lacan, J. (1970) “El reverso del psicoanálisis” Seminario 17. Buenos Aires, Argentina: Paidós. 2012

Lacan, J (1967) “Proposición del 9 de octubre de 1967” en Otros Escritos. Buenos Aires, Argentina: Paidós. 2012.

Lacan, J (1970) “Radiofonía” en Otros Escritos. Buenos Aires, Argentina: Paidós. 2012.

Miller, J. (1990) “El banquete de los analistas”. Buenos Aires, Argentina: Paidós. 2000

Miller, J. (1987) “Enseñanzas de la presentación de enfermos” en Matemas I. Buenos Aires, Argentina: Manantial. 2014

Molina, Ma. Eugenia “La posición del analista y los saberes circulantes” Conferencia brindada el 11 de mayo de 2019 en el marco del Seminario Clínico Anual IOM2 Mendoza. Inédito.

Valcarce, L. (2015) “Las presentaciones de enfermos en Lacan”. Buenos Aires, Argentina: Grama.


[1] AP EOL Córdob

 

 

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