robada

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“¿Quién me ha robado el mes de abril?”, se pregunta Joaquín Sabina en una canción, y ésta resuena en un momento donde el mundo parece detenido, en pausa. Hay un tiempo atrapado en una casa, desquiciado, en un presente vivido como falta. ¿Dónde están los cuerpos, lo planificado, lo que no escribimos, los viajes que no hicimos, el roce del encuentro y de las pieles a la pasada, las cotidianidades robadas?

¿Qué posibilidades tenemos de habitar lo incierto, de soportar las preguntas, de asumir la fragilidad de la trama social, de hacer lugar a la angustia, de transitar la soledad, de no acallar nuevos acontecimientos? El vacío intenta llenarse con información que lo tapa. El hegemónico discurso de la ciencia satura los intersticios, aunque ya sabemos, la verdad siempre se escapa.

Dicen los filósofos* que es el fin del capitalismo, y que no, que es su recrudecimiento; que la tecnología “nos va a salvar”, a costa de quedar sometidos a un control biopolítico digital; que va a surgir un convivir más humanitario, pero también que el individualismo y las lógicas de segregación se verán fortalecidas; entonces, ¿cuál es “la verdad”? 

Quizás oriente una frase de Lacan del Seminario 17 “El reverso del Psicoanálisis” (1970:186) “Rostros, la verdad tiene más de uno. Pero precisamente, lo que podría ser la primera línea de conducta a mantener por parte de los analistas, consiste en ser un poco desconfiado, en no volverse loco de repente por una verdad, por el primer asomo de ella que se encuentre al doblar la esquina”.

*En referencia a la publicación “Sopa de Wuhan” Editorial: ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio)  1.a edición: marzo 2020 Idea, dirección de arte, diseño y edición: Pablo Amadeo