«¿Qué se puede escribir del amor?…»
por Daniela García Gargiulo

“Una sorpresa y una advertencia de que la realidad es demasiado compleja para que generalicemos…”

Adolfo Bioy Casares, Apuntes inéditos

¿Qué se puede escribir del amor? Hay tanto dicho, tantos elogios poéticos y relatos trágicos como seres parlantes. Invitada a escribir sobre mi aún incipiente y novato ejercicio en la clínica de la escucha, fue sencillo hacer una conexión superficial sobre estos significantes: amor y clínica. Me ocurrió en varias ocasiones escuchar de algún interesado de la práctica la pregunta acerca del motivo por el que las personas solicitan la atención profesional, qué los hace consultar. Fue fácil responder: en su mayoría lo hacen por temas relacionados al amor. La respuesta sorprendía un poco, pero no hacía falta explicar más.

Un punto curioso es que el amor no se puede estudiar ni conceptualizar con teoría alguna que permita dar una respuesta establecida como saber compartido. Al contrario, escuchar lo que cada sujeto dice acerca del amor abre a la asociación y consecuente deslizamiento de los significantes, en el mejor de los casos.

No voy a decir que espero encontrarme con este tema como condición de trabajo, pero una vez que aparece el resultado es de un valor clínico singular. Infinitas son las presentaciones del amor: con sus coordenadas edípicas, el amor sometido o sujetado a mandatos culturales, el amor que angustia y el que moviliza. También el amor que paraliza, el que asfixia, el que sorprende, el que asusta. El amor que vuelve loco, el que tapa la falta y  el que la expone.  El amor racionalizado y el impulsivo. Hay amores, en plural.

Y para los que escuchamos desde la práctica psicoanalítica podrán coincidir conmigo que podemos encontrar al amor como significante en sus construcciones fantasmáticas, forjado en los ideales o en los significantes del Otro. Puede aparecer como ese significante que permite el discurrir de sentidos o que puede cerrar el desplazamiento. Podemos encontrarnos con sujetos que dicen saber mucho de eso o encontrarnos con que nada saben, o no quieran saber. Nos encontramos con el amor en sus modos de goce.

Tengo la inquietud acerca de qué pensarán aquellos colegas analistas que ya no se encuentran en el inicio de su práctica, qué podrían decir ellos del amor.

Por supuesto, vale el fallido. En tanto que hablar del amor posibilitó tales resonancias que dieron cuenta de que no hay una sola línea, o una sola dirección acerca del amor. ¿De qué hablo? ¿Del amor en transferencia, del amor al saber del analista? ¿Del significante amor en la clínica? ¿Del amor al analista o del amor del analista? Sin duda el amor es un significante que falla. Y como tal se convierte en el provocador de estas palabras escritas, y de palabras que no se alcanzan a decir en esta presentación.

 

 

DANIELA GARCÍA GARGIULO

Psicóloga. Cuestionadora silenciosa. Tomo mucho mate. Me gustan los detalles. Y los gatitos.