placares

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Lugares sin igual. Incomparables. Valores de uso y valores de cambio por doquier. Lo interno, de lo interno, de lo interno. De una casa, de una pieza, de una cajita, de un cofre, de un sobre, de una letra. Recorridos a veces cuando la extensión de la vida se retrotrae sin importar las causas. Introversión dirán algunes. Buscada o encontrada. No siempre abiertos del mismo modo, aunque…. misteriosamente… algo insiste en el estilo de apertura. “Recuerdos que mienten un poco…”. Placares profundos como la misma vida vivida, pero también como la misma vida imaginada. O así de chatos. Quizás con profundidades diversas, cómo una banda de moebius no siempre proporcionada.

Placares que irrumpen en momentos inesperados. Tuercen la intencionalidad o inquietan el ánimo. 

Pero también recinto de seleccionadas prendas, que dibujan posibles variaciones en una cierta rutina de momentos y lugares. Compañero inseparable de la estética,  de la exaltación de la belleza.

Vaivén de la vida que puede tornarse infinitamente repetido.

Pero la vida no es un placard. No es un lugar donde guardar cosas. Quizás es el acto de guardar…

Lo que se elige guardar pero también lo que se guarda a pesar nuestro. Igualmente alguien recordó que lo fundamental no son tanto los placares, ni las puertas, ni las ventanas. Hay que saber recordar que lo que conecta entre los recuerdos y el presente, entre lo de adentro y lo de afuera, entre el cuerpo y la vestimenta, entre lo uno y lo Otro, es más bien del tipo bisagra, gozne, que ubica lo que escapa a la aprehensión pero que dibuja el resorte singular del lazo que cada uno establece con la vida….y con los placares.