PASAJE AL ACTO Y AUTOPUNICIÓN
por Ernesto Derezensky

En el caso Aimée Lacan aborda los lazos del delirio y del pasaje al acto en sus relaciones con la personalidad.   Su tesis se apoya sobre 30 observaciones, pero no busca una aproximación cuantitativa, o la construcción de una serie estadística, sino que presenta un relato de caso, bajo una forma monográfica, que se constituye en la más exhaustiva sobre un caso de psicosis elaborada por un psiquiatra francés.

 

Lacan parte de una hipotesis: La naturaleza de la curación muestra la de la enfermedad y la curación en Aimée se produce después del pasaje al acto. Pero no inmediatamente, deberá pasar 20 días en prisión antes de preguntarse qué es lo que había hecho, produciéndose entonces una suerte de subjetivación de su acto. Ella que esperaba encontrar reconocimiento como escritora se encontraba en prisión acompañada por delincuentes y había atacado a una mujer inocente. Esta secuencia temporal es para Lacan un detalle significativo que distingue su acto de una agresión  puramente pasional, en donde el alivio es casi inmediato al acto de violencia. Es por esto que Aimée no es presentada como un  delirio pasional y Lacan introduce dentro del campo de las psicosis un tipo clínico: la paranoia de autopunición.  En la medida que al golpear se golpea, produce una realización de deseo que la libera de su delirio. La actriz atacada es su propio doble, es la mujer que sueña ser, su ideal exteriorizado, lo que posibilita su curación es la satisfacción de la pulsión autopunitiva, atacando a una mujer inocente se agredió a sí misma.

 

Lacan produce una fina distinción clínica, no se trata de un delirio pasional, sino de un nuevo tipo clínico dentro de la paranoia, estructurada por un mecanismo psíquico que guarda relación con el autocastigo vinculado a la función del superyó. Lo singular de su acto es que con su concreción logra agredirse a sí misma, ya que recibe un castigo por su acción. A esa retorsión de la agresividad Lacan la va a llamar autocastigo. Lacan toma partido en el debate  de la psiquiatría de su época: es la paranoia una enfermedad con una causalidad constitucional, orgánica o se trataba de delirios reaccionales, respuestas a situaciones sociales que involucraban a su entorno. A propósito de los casos que presentaban hechos de violencia que podían llegar al homicidio interesaba situar la problemática de los llamados pasajes al acto.

La actriz atacada es su propio doble, es la mujer que sueña ser, su ideal exteriorizado, lo que posibilita su curación es la satisfacción de la pulsión autopunitiva, atacando a Una mujer inocente se agredió a sí misma.

La cuestión del pasaje al acto es abordada en distintos momentos en la enseñanza de Lacan, pero veamos cómo se lo entendía en la psiquiatría  de la época de la tesis. Se lo utilizaba en referencia a pacientes psicóticos que cometían episodios agresivos de diversa índole. Para Lacan lo esencial es su capacidad resolutiva respecto del delirio. Se despliega como un fenómeno violento  que irrumpe  y del cual el sujeto no tiene control. El pasaje al acto se presenta  como un intento de poner fin a una situación o estado mortificante. Lacan lo aborda a partir de las categorías de impulsión y reacción. Con ellas puede tomar distancia de las concepciones constitucionalistas y organicistas que otros psiquiatras ponían en juego.

 

Los debates que se producían respecto de estos temas en la psiquiatría francesa contemporánea de Lacan, se  centraban en dos puntos cruciales: la cuestión de la responsabilidad del enfermo, y la del castigo por los crímenes cometidos.

 

En el año 1932 Paul Guiraud  presenta  en  L’ Evolution Psychiatrique  su artículo “ Los crímenes inmotivados” introduciendo allí  el término “kakon”. Es una palabra griega que puede ser traducida como el mal, la enfermedad. Con este término Guiraud da cuenta de lo que se manifiesta en los pacientes como  invasión de  una sensación, que llama cenestesia, de la que el sujeto intenta librarse a través de su pasaje al acto. En los crímenes inmotivados se pone en evidencia una agresión simbólica: lo que el sujeto quiere matar no es su yo o su superyó sino su enfermedad, o de manera más general el mal, el kakon. Guiraud distingue entre los crímenes del yo, en los que el individuo se comporta según su voluntad, y los crímenes del ello, típicos según él de la demencia precoz, en los que el organismo obedece de un modo automático, mientras que el yo queda como un espectador pasivo y sorprendido.

En nuestra actualidad nos sacuden casi a diario hechos violentos que muchas veces concluyen en la muerte, el asesinato, violaciones, que ponen en discusión la responsabilidad de los criminales por sus actos y el castigo que ellos merecen.

Entre estos dos tipos de crímenes Lacan va a incluir los crímenes del superyó, propios de los delirios de querulancia y de los delirios de autopunición.

 

Va a situar el pasaje al acto de Aimée contra una persona inocente, en el cual hay que ver el símbolo del enemigo interior, el símbolo de la enfermedad de la personalidad. Aimée sería para Lacan un caso de crimen del superyó. ¿Cómo podemos entender hoy nosotros este objeto , el kakon? Si retomamos la conceptualización de Miller sobre lo extimo entendemos cual es su  naturaleza. El ser que el sujeto golpea en el exterior, es su ser más íntimo. No se trata entonces de una proyección, sino de una orientación topológica que rompe con la oposición del adentro- afuera y permite situar eso exterior  como lo más íntimo. El símbolo del enemigo que Aimée golpea la representa a ella misma, a la misma enfermedad dice Lacan. El enemigo interior es puramente especular y permanece en el registro imaginario, al mismo tiempo que intervienen tendencias autopunitivas.

 

En nuestra actualidad nos sacuden casi a diario hechos violentos que muchas veces concluyen en la muerte, el asesinato, violaciones que ponen en discusión la responsabilidad de los criminales por sus actos y el castigo que ellos merecen. Escuchamos distintas posiciones  desde aquellos que promueven un endurecimiento de las penas, asistimos incluso a tentativas de linchamiento que amenazan el orden jurídico vigente. La controversia se da entre los llamados “garantistas” y los que promueven “la mano dura” y la anulación de las salidas transitorias como solución a los temas  de la violencia y la criminalidad. La cuestión de la rebaja en la edad de los menores con respecto a su imputabilidad penal forma parte de este debate. Muchas veces los psicoanalistas son convocados  para hacer escuchar la posición del psicoanálisis en estos temas.

La lectura y discusión de los textos de Lacan nos posibilita intervenir en los debates de nuestro tiempo tratando de no sumarnos a la desorientación general.

Volver al caso Aimée tiene como objetivo situar en nuestro horizonte, el que se constituye a partir de los impasses y contradicciones de una práctica, una orientación que permita reducir los prejuicios de saber operantes. La lectura y discusión de los textos de Lacan nos posibilita intervenir en los debates de nuestro tiempo tratando de no sumarnos a la desorientación general. En el tratamiento de estos temas no somos sociólogos, juristas ni agentes del orden público. Ni especialistas en salud mental.

 

 

 

ERNESTO DEREZENSKY

Psicoanalista. Analista miembro de la Escuela de OrientaciÓn (AME-EOL). Miembro de la Dirección ejecutiva del Lacaniana IOM2. Director del Cid San Luis. Docente del IOM2 y del Instituto Clínico de Buenos Aires (ICdeBA). Responsable del departamento Violencia Estudios Lacanianos (VEL-EOL).