Menos pioneros, más primerizos
por Diego Perez

“Quizás el imperio, pensó Kublai, es sólo un zodíaco de fantasmas de la mente.
– El día que conozca todos los emblemas -preguntó a Marco- ¿Conseguiré al fin poseer mi imperio?
Y el veneciano:
-Sire, no lo creas: ese día serás tu mismo emblema entre los emblemas.”
(Italo Calvino “Las ciudades invisibles”)

Hace poco tiempo me invitaron a escribir en esta parte de la revista, comentándome que aquí residían las letras de aquellos practicantes que se encontraban por sus inicios. Es un hecho curioso
escribir sobre los comienzos, puesto que invita, como traía Lacan en algún momento, a ser “al menos dos”. La escritura es una práctica, sí, pero la escritura del psicoanálisis es, entonces, una
práctica de otra práctica (manso bolonqui!). Por lo tanto, en este intento, sospecho que para poder elaborar un relato sobre los inicios, tuvo que ya haberse marcado una distancia con algo ya
ocurrido, esto es, partir. Partido en dos, en tres, o en cuantas partes sea necesario a fin de mirar la linea de salida casi de reojo. Partido, como quien se va de un lugar. También, implica tomar partido. En fin, los comienzos a veces son un parto.

Ahora, les quiero escribir sobre un interés vinculado a este primer párrafo que acaban de leer, un asunto que más de una vez advertí atravesando mis lecturas y causándolas. Recuerdo la
multipremiada cita de Freud en donde éste aconseja escuchar en cada sesión como si ésta fuera la primera ¿Qué intuía éste? ¿Que mientras más sesiones transcurrían, se corría el riesgo de acumular innecesariamente material sobre los pacientes y eso haría de obstáculo a cierta “pureza” propia de las primeras escuchas, o que algo del deseo del analista podría verse pervertido por las
intermitencias de su propios recuerdos evidenciándose allí donde no deberían estar? En fin, de alguna manera, sobre los inicios estamos llenos de consejos e indicaciones. Lo que no tenemos en
claro (y creo que jamás lo tendremos), es sobre cuándo abandonamos la linea de partida. Volviendo, entonces, llama la atención que la indicación freudiana tenga en su espíritu un señalamiento a no desalojarnos por completo de los inicios. Algo que, por otro lado, parece ocurrirnos las más de las veces (muchas de ellas necesarias, otras no tanto).

Por otro lado, también suele oírse una cierta designación de la práctica en tanto “inciática”, como si se tratase de una segunda mano respecto otros recorridos ¿Cuánto tendríamos que aprender de dicho momento? ¿cuánto le debemos a los primeros tropiezos y a los primeros hallazgos? ¿cuánto a las preguntas ilusas en medio de conferencias magistrales? ¿cuánto a los deslizamientos de quienes vienen llegando, aún teniendo muchos años de laburo en esto?

¿Quién teme a los primerizos? Los primerizos son aquellos que se abstienen de tomar atajos ante la duda, no por falta de intención, sino porque dicha condición se resiste a quedar entrampada en las salidas rápidas y fáciles. Son aquellos que no pueden eludir el ardor de las preguntas y lo incómodo de un saber a tientas. Esos cuyo vínculo con la experiencia los hace escribas de mitos íntimos y  colectivos sobre la práctica. ¿Qué tan recurrentes son las presentaciones de trabajos elaborados por éstos en las extenuantes jornadas y espacios de reflexión? Si en un psicoanálisis tenemos que vérnoslas con lo que no marcha, es más, producirlo y reproducirlo en los márgenes de la transferencia, no es debido a un encanto por la espuma de los hechos1, sino porque, en parte, intuimos que la cosa comienza con un lazo para con nuestros fundamentos.

¿Qué queda de lo que alguna vez fuimos? ¿Conseguiremos nuestro propio imperio, tal como aspira Kublai, o podremos ser uno entre los tantos emblemas? Hace mucho tiempo escuché decir que en un análisis se van depurando cosas, desmigajando, desprendiendo. Siempre imaginé un pan deshaciéndose. Bueno, animo una respuesta: somos las migas.

1 La espuma siempre se desparrama, nunca permite definir claramente donde empieza y termina una fuente.


DIEGO PEREZ

Polvo del viento comodorense.
Practicante del psicoanálisis mendocino, con orientación lasherina.