Los objetos de la inexistencia
por Pablo Requena

Quizás el título suene algo abusivo. Sin embargo la actualidad nos confronta con una proliferación de objetos que apabulla. Una sobre oferta de objetos de lo más diversos,  capaces de entrometerse aún en las resistencias más férreas, con disfraces difíciles de descubrir. En algunos casos atonta, duerme, en otros simplemente entretiene, inquieta o quizás hasta entusiasma. Indudablemente criticar lo que sucede en cada rincón del planeta no solo resulta ingenuo, sino que se corre el riesgo de asumir una perspectiva que desde cierto pedestal no lograría disimular su posición moral, y por lo tanto, fácil de desestimar.

Desde una perspectiva psicoanalítica es fundamental reconocer en las costumbres, hábitos y consumos que se instalan la motivación subyacente, es decir, el campo del goce. Ninguna costumbre es sin una modalidad de goce.

El capitalismo es potente. No hay dudas. Más no es absoluto. Sus engranajes simulan casi al unísono lo que las grietas subjetivas esbozan, lo que permite ir con una calculada avanzada sobre lo no reglado del goce humano. Con una clave a precisar: siempre hacia adelante, un más que hunde sus raíces en la división subjetiva para buscar inocularla con un goce que nos lleva de las narices.

Capta con universal y polifónica paleta las preferencias más inhóspitas, igualándolas en el derecho y el empuje al goce, casi sin restricciones. Sin embargo no es que sea audaz, es más bien un buen  predictor. Predica, pre-dicta, luego de sobre-leer lo que solo era un posible garabato singular, dándole una forma y contenido contundente que cachetea sin tregua a los incautos no orientados. Podemos pensar que el capitalismo se sirvió del goce fálico, en su direccionalidad a la satisfacción concreta y puntual, pero reduciéndolo a la iteración del Uno, cortocircuitando el recorrido que dibuja la satisfacción fálica al hacer del cuerpo del Otro la metáfora del objeto perdido, para reducirlo a su simple iteración, sin metáfora y sin Otro.

Los objetos de la tecno ciencia quedan ubicados en esta gama de predicciones, enlazados y encadenados a las falencias del último modelo y a las lecturas que los propios usuarios comparten de las modificaciones que se esperan, sin percatarse, en este movimiento, su reducción al motor mismo que energiza el ciclo inagotable. Podemos decir sin embargo que estos objetos contentan…  aunque escuálidamente. Tan escuálidamente que la satisfacción nunca llega a asirse, aunque conservando con habilidad la certeza de haber rozado un goce compacto y completo, cerca…. siempre cerca. Un goce que es pura recuperación, que en el “más” que fascina, no calcula ni considera perdida alguna. Pero sabemos, que cuando no se reconoce lo que se pierde en esta escalada, es porque muy probablemente la pérdida sea uno mismo.

Miller expresa que quizás estamos desorientados desde que tenemos brújulas[1], una sutileza que habrá que exprimir. Un objeto salvador, con atributos desmedidos, una dimensión que ha avanzado sin detenerse, soslayando en un avance desmedido el saber que podría aprehenderse al no irse el sujeto deslizando tan seductoramente por la tangente, cada vez mayor, de los objetos a adquirir.

Del objeto causa “marca de lo singular” al objeto “plus de goce-para-todos”.

Hay un deslizamiento en Lacan en torno al objeto a como plus de goce que va desde su dimensión más singular, a la posibilidad de que el mismo quede no sólo alojado en lo social, sino como causando a los sujetos en forma colectiva. Vaya paradoja. Es el producto de lo singular, pero puede tener connotaciones sociales. Lacan no solo llega a decir que el objeto a puede “simularse”, “imitarse”[2], y la tecnociencia no se priva de ello. Si no que da un paso más, al indicar que en la época habría un “ascenso al cenit social del objeto a”[3].

Lacan al ubicar la dimensión de objeto plus de goce introduce un nuevo paradigma del goce que implica que el mismo quede en la órbita del discurso. El goce que antes quedaba en una dimensión un tanto inaccesible, adquiere la posibilidad de entrar en una contabilidad, entra en la producción propia de los discursos. Si bien perdurara en los discursos algo que no podrá absorber plenamente la pérdida, ubicándose un punto de fuga en la insistencia de la cadena significante, esta dimensión huidiza es lo que igualmente no evitará que del circuito haya efectos de recuperación. Efectos de recuperación nunca a la altura de una satisfacción que detenga, empujando a una vueltita que quizás depare mayores satisfacciones, pero que nunca colmará el movimiento.

Lacan si bien avanza en la construcción de los discursos viabilizando un goce que pareciera poder entrar en lo social, no desconoce la dimensión de imposibilidad de reunir el goce con el significante. Los cuatro discursos denotan intentos por afrontar la singularidad de una posición que no se deja subjetivar del todo, enredando o taponando en más o en menos, según qué discurso, esta discordia que emparenta a los seres hablantes.

Los discursos si bien enmarcan las modalidades de lazo social posible ante la ausencia de relación sexual, no suturan del todo esta imposibilidad radical. No solo perdura la doble barra de la imposibilidad, sino que el sujeto con su barra a cuestas circula por los discursos utilizando estos modos para intentar un lazo posible.

Destaco esto, porque los discursos no dan cuenta de la constitución psíquica. Dan cuenta del modo de arreglo de un sujeto ya inscripto en la castración del lenguaje. En este sentido, previo al establecimiento de los discursos, Lacan refiere algunas ideas que merecen ponerse de relevancia, para luego poder contrastar el lugar y el valor del objeto a como plus de gozar.

La huella, el objeto a y el Otro “en-forma de a”.

En el seminario 16, Lacan, sin pretender disolver el misterio en relación al origen del lenguaje, refiere  casi al modo de una intuición, la importancia de la dimensión de la huella en el ser hablante. Da cuenta de la huella como una marca inicial que luego se trasladaría a la dimensión significante. Menciona que  “la huella pasa al objeto a según las diversas maneras por las que se borra. El sujeto es estas mismas maneras en las que, la huella, como impresión se encuentra borrada”[4]. Un primer acontecimiento de marca, podríamos agregar traumático, hendidura singular, que queda sustituido por el objeta a al articularse la cadena significante, y es el significante el que vehiculiza a su vez el objeto como perdido. El sujeto es estas mismas maneras de borrar la huella, es decir que el sujeto lleva en si la marca de lo irremediablemente inaccesible, al modo de un hacer, con el que se “encamina” al Otro.

La huella es la que dará en el ser parlante el empuje al Otro, adquiriendo para esto una precisa formulación cuando se entrelaza con el lenguaje, que se sustituye por el objeto a, que recorta al Otro como “en-forma de a[5]”, Otro moldeado por la “horma de a”.

Miller precisa que es el significante que entra en el cuerpo el que hace huella…”el significante que afecta el cuerpo del ser hablante, que se vuelve cuerpo, que fragmenta el goce de este y hace brotar el plus de gozar, que es allí virtual”[6]. Virtual, quizás como un anticipo del objeto a como semblante.  Fundamental no perder esta articulación lógica con la huella y el Otro, y esta dimensión del plus de goce virtual, aunque no por eso menos efectivo ni real, ya que es lo que da sustancia a los lazos del sujeto como extimidad.

El objeto a entonces resulta “una escritura ambigua que sirve a la vez para el positivo y para el negativo del objeto, puesto que escribe en un modo casi indiscernible tanto el objeto como su falta”[7]. También el objeto a es aquello que llega para cubrir el agujero del sujeto. Pero si es puesto en secuencia lógica, el a inscribe en primer lugar el lugar “hueco” del sujeto, “aquel vacío contorneado por la cadena significante que osaría llamar, el real singular del sujeto”[8].

El seudo-discurso capitalista al introducir una variación tramposa, altera lo que los discursos intentaban cernir, introduciendo con esto consecuencias que debemos hacer sentir. Si los discursos son los modos de lazo posibles, la trampa mencionada implica que se aparenta un lazo enalteciendo un Yo pretendidamente autónomo, que rehúsa de sus determinaciones inconscientes, inocula (más que forcluye, que sería determinante y estructural) la castración, la marca de singularidad del sujeto, y el Otro se diluye en una masa que no requiere ya de interacciones. No debe leerse como la desposesión de bienes, sino “como la desposesión para todos del vínculo social, como el empuje al fuera-de-discurso que es la transformación del trabajo mercancía, ya no tener de qué agarrarse ni con qué agarrar a su prole”[9].

El objeto a se independiza de su producción lógica a partir de la huella para sostener solo la dimensión social del objeto, los atributos conmensurables y cuidadosamente escogidos, generándose un Otro que sí absolutiza el intercambio social y el mercado de los bienes en tanto el sujeto se identifica plenamente al consumidor como muleta irremediable de una existencia fuera-de-sí.

Miller hace una precisa distinción entre la producción acelerada del objeto a como causa de deseo a modo de tapón, es decir sostenida en el goce, y por el otro lado, “el buen objeto a, causa del deseo”[10], pero que pertenece a ese registro que se relaciona con la determinación marcada por “ese”, objeto que dará lugar a la condicionalidad de los gustos, las elecciones eróticas y los modos de goce. Hacer esta distinción, es lo que permite afirmar que la problemática en relación a los objetos nunca resultará intentando regular la oferta, sino buscando poner de relevancia el valor de uso que adquieren determinados consumos, precisando las funciones que tienen en cada economía psíquica, una por una.

Orientación a lo real. Sobre gustos No-todo está escrito.

Siguiendo con lo anterior, podemos decir que si para el capitalismo en cuanto gustos “No hay nada escrito”, es decir, vale todo en tanto se prescinde e inocula la marca de singularidad de las elecciones, en psicoanálisis sin juzgar las elecciones de nadie, buscamos arribar a lo que empuja desde cierta inscripción. La posible subjetivación del objeto a como causa de deseo implica arribar a cierta advertencia de las condiciones éroticas de acceso al mundo, es decir, desde que marcas, desde que modalidades de goce se relaciona el sujeto con los demás y con los objetos.

La experiencia analítica sería la oposición a la operación que tiende a recubrir este agujero. Lacan llega a decir “nuestra intención no es ciertamente la de conducir a alguien a hacerse un nombre, o bien, hacer una obra de arte” que son dos modalidades de recubrir el agujero. La ética del psicoanálisis, en cambio, consiste en “incitar al analizante a pasar por el buen agujero de cuanto le fue ofrecido, a él, como singular”, que pueda “leer su huella para que sea capaz de reinscribirla en un lugar distinto de ese donde la había producido primero. Lo llamare el que reemplaza sus huellas por su firma”[11].

La orientación por el sínthoma, introduce a su vez una vueltita más, al no reducir el síntoma a una pura modalidad de goce fálico, fuera de cuerpo, y anudando otra satisfacción en el cuerpo. Podemos esbozar, que no todo el litoral de las marcas, del agujero, del traumatismo de lalangue, puede escribirse en letras, es decir que no-todo puede escribirse, perdurando una vez recortadas las mismas, las condiciones depuradas para el acceso a lo contingente, a lo imprevisto, a lo no-todo. Pero también, permitiendo un contacto con la dimensión del goce que se encuentra fuera de lo simbólico, como “goce en el cuerpo”. El tratamiento del cuerpo por el sinthoma, “es algo que logra anudar esas dos satisfacciones sin hacer de eso relación”. Quizás una serenidad-para-con-los objetos, pueda ser una apertura a la recuperación del goce en el cuerpo, una “satisfacción más amiga de la vida que las satisfacciones pulsionales”[12].

[1] Miller, Jacques-Alain, “Una fantasía”, en 2012.congresoamp.com.

[2] Lacan, Jacques, El Seminario 17, “El reverso del psicoanálisis”, pág. 86. Paidos.

[3] Lacan, Jacques, Otros Escritos, “Radiofonía”, pág. 436. Paidós.

[4] Lacan, Jacques, El Seminario 16, “De un Otro al otro”, pág. 285

[5] Ibídem, pág. 274.

[6] Miller, Jacques-Alain, “La experiencia de lo real”, pág. 397. Paidós

[7] Di Ciaccia, Antonio, “Sujeto y plus de gozar”, Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento Consecuencias. Edición N°8.

[8] Ibídem.

[9] Indart, Juan Carlos, “La Hiperconexión en el consumo y la producción: ¿Dónde está la brizna del real sin ley? Blog de la Sección La Plata. EOL

[10] Miller, Jacques-Alain, “Todo el mundo es loco”, pág. 22. Paidós.

[11] Ibídem punto 6.

[12] Indart, Juan Carlos, “De lo nuevo en el mercado y en psicoanálisis”, Revista Virtualia 35.


PABLO REQUENA
Insistente aprehendedor de la lecto-escritura Lacaniana (no sé si por burro, enroscado, apasionado, ingenuo, despierto o dormido). Por eso también practicante del psicoanálisis, miembro de Acep y docente del Cid Mendoza.