Los dioses, el sueño, la magia y el psicoanálisis
por Diana Palma

Del sueño y los dioses…

Desde tiempos remotos los sueños han captado la atención de los hombres. En el devenir de la historia, en sus diferentes momentos, éstos han representado premoniciones, revelaciones, visiones del futuro y mensajes de los dioses. En esta línea aconsejo ver la serie “Vikingos”, una ficción basada en hechos reales, que retrata perfectamente la común-unión de los hombres con los dioses y la importancia de los sueños como función premonitoria  ligada a las sentencia de éstos en relación a lo que vendrá, por lo general del orden de los acontecimientos, luego, ya nada será igual. Otra serie, también recomendable, bastante más contemporánea, es “Medium” con Patricia Arquette, donde a través de sus sueños o visiones se resuelven casos policiales complicadísimos.

De tal manera que sacerdotes, sacerdotisas, brujos y dioses han sido consultados desde los tiempos más antiguos para que los sueños sean interpretados.

Se lo mire por donde se lo mire, el sueño llama a la interpretación.

Esos “Textos” inestables, resbaladizos que se transforman todo el tiempo, que se nos escapan, donde sus personajes mutan, con lugares o escenarios  incomprensibles, inexistentes, a veces nos despiertan alarmados o con una sonrisa, y otras, aquellas en las que no despertamos -porque siempre soñamos- nos aseguran el buen dormir.

Claramente tienen una función.

Por otro lado, francamente, quién no ama soñar. No hay mejor cosa que despertar, recordar un sueño y poderlo contar.

Antiguamente, se puede constatar cuando se visita viejos museos, en los respaldos de las camas, había una pequeña pizarra y un lápiz, cuya función era, por si el soñante  despertaba, poder escribirlo para  luego seguir durmiendo, ante la convicción de que al despertar  del día siguiente, no lo recordaría. Y, ciertamente, en la vigilia experimentamos, por aquello de la censura del sueño, que con el paso de las horas, lo más probable es que las imágenes se vayan  desvaneciendo hasta el punto de desaparecer y solo tener la pregnancia de un perfume del sueño.

Pero para qué recordar un sueño si no es porque se quiere saber en algún punto su significado. En algunos casos lo compartimos con alguien cercano, en otros casos…lo llevamos al analista.

Del sueño y el psicoanálisis…

Freud llegó poniendo luz a este asunto y dijo, entre otras muchas cosas,  que los sueños eran la “vía regia de acceso al inconsciente”. Lacan,  con su relectura de la obra freudiana, agregó que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje y, sirviéndose de las leyes de la lingüística,  avanzó sobre ellas para su teoría dando primacía al significante por sobre el significado.

Cuando de sueños se trata, el material del que están hechos, sigue las mismas reglas del significante y uno de los trabajos del análisis apunta, por medio de la interpretación,  a separar significante y significado y poder aislar esos significantes que comandan la vida del sujeto, marcas de goce.

Todo análisis atraviesa un largo recorrido y en esa experiencia captarse como sujeto divido, llegar a creer en el inconsciente, saberse portador de un saber no sabido o instituir a Otro como Sujeto supuesto Saber –que viene a completar al inconsciente- muchas veces viene enlazado a un sueño. Los sueños orientan sobre la instalación de la transferencia y frecuentemente  marcan el momento del pase a diván dando por concluida la etapa de entrevistas preliminares

En definitiva los sueños son fundamentales para dar cuenta de los movimientos de un análisis. Saber y goce entran en tensión. Si el sueño posee un saber no sabido, a través del trabajo en análisis, se apuntará a saber algo sobre ese goce propio y opaco.

Si una intervención toca algo de lo real, es muy probable que el paciente traiga  un sueño a la próxima sesión.

Hay algo cifrado en ese material enigmático del sueño y se deberá encarar un trabajo de desciframiento. ¿Quién cifra? El inconsciente y ¿Quién interpreta? El inconsciente.

Se podría cuestionar, bajo esas coordenadas, la función del analista si no fuera porque el inconsciente, interpreta para el lado que quiere, sentido  regido por el principio del placer que viene a ser  condescendiente con el sujeto que en ese sueño se satisface. Si hay satisfacción lo pulsional y el goce están implicados, hay un sentido gozado en ese cifrado.

El analista tiene la función de escuchar lo cifrado y mediante su  interpretación tocar algo de ese sentido gozado y en el mejor de los casos poder despertar al sujeto de su placentero dormir.

Del psicoanálisis y la  magia…

Retomando algo del principio ¿El analista ocupará el lugar del sacerdote,  de la sacerdotisa, de los brujos o de los dioses?

Esbozando una respuesta les comparto estas palabras de J.A.Miller en “Los trumanos”, uno de los textos preparatorio para el próximo Congreso de la AMP, sobre el tema de  los sueños, allí dirá “…al final de su obra Lacan,…” …”produce una masacre con su teoría al punto de plantear que el análisis es una magia. Nos esforzamos por conmover algo velado, uno imagina llegar a hacerlo”…”Al ser dos los que se lo imaginan (analista y analizante) la cosa marcha pero eso no es dar pruebas en contra de la reducción de que el análisis no sea una magia.”

Hasta pronto, nos veremos en Valhalla, a la derecha de Odín.

 

 

 

DIANA PALMA

Practicante del Psicoanálisis. Presidente de ACEP. Directora de la Especialización en Psicología Clínica de Orientación Psicoanalítica

muy buena amiga!!!

de relatos largos!!!