LO VERDADERAMENTE NUEVO DA MIEDO O MARAVILLA
por Federico Perla

«Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla»… Nos dice el bueno de Cortázar, asestando un buen golpe a las peligrosas y calmadas aguas de la rutina de cada día. Breve, pero contundente disparador para dar rienda libre a la prosa.

Agradezco la invitación a escribir estas líneas, a sumergirme en aquellos retazos que quedan muchas veces olvidados por esa suerte de comodidad que provoca nuestro quehacer diario. Comodidad que lleva el sello de la llamada «experiencia», producto del correr del tiempo, y que tanto nos corroe. Intentaré, de una manera concisa (como si se pudiera), acercar un atisbo de mi inicio en la práctica psicoanalítica.

¿Cómo no conmoverse ante lo nuevo? Una pausa, un café y los recuerdos caen como una cascada… ¿O caigo yo en esa cascada? Volver al origen implica dar un salto. Nadie mejor que el siempre tan perspicaz Conan Doyle para representarlo: Sherlock Holmes y el Profesor Moriarty cayendo abrazados en las alborotadoras –pero apacibles– Cataratas del Reichenbach. Precisamente, de ese salto hablo…

Los recuerdos me llevan a la Universidad, cuando me encontraba cursando el segundo año de la carrera de psicología. Fue en ese momento que comencé como voluntario en un hospital psiquiátrico. Cuando entré y conocí por primera vez el inquietante lugar, me encontré de frente con una paciente. Estaba fumando tranquilamente, mientras contemplaba el vacío patio de una oscura tarde otoñal ¡Miedo! Y una pequeña cachetada a la tan absurda cordura que creía me acompañaba. ¿Cómo podía conmoverme de esa manera una situación así? La arremetida de un no-saber había hecho nido –claramente sin pedir permiso– y cómodamente se instalaba. Pero el miedo no era el único que tenía el papel protagónico: un sutil cosquilleo de encanto por la «locura» asomaba. Fueron dos años como voluntario, una verdadera marca que trenzó mi camino universitario y trazó un oriente hacia la práctica psicoanalítica. Por supuesto, no sin antes pasar por otros discursos. Un entramado discursivo paseaba por los recovecos de mí ser: ¿Una práctica orientada desde lo existencial o desde lo psicoanalítico? Hay preguntas que calan grueso.

Finalmente (si es que puede utilizarse semejante palabra) y luego de recibirme y rendir para la residencia Interdisciplinaria en Salud Mental, volví a ese hospital… De frente, ya no estaba esa tarde poniente, ese patio vacío, esa paciente. Estaba en una sala de internación, en un pequeño y ajustado consultorio, un par de sillas y un escritorio… De frente, otra paciente: del miedo a la maravilla. Se paraba, caminaba dos pasos y se sentaba. Temblaba, repetía sin cesar que tenía algo dentro de su cuerpo: de la maravilla al miedo. Quiero decir
que este fue el comienzo de mi práctica analítica, me dije: psicoanálisis y locura van de la mano. ¡Qué maravilla!

 

 

 

 

FEDERICO PERLA

Orientado por ese “ajedrez misterioso” que es la poesía…Por el fulgor del arte… Y por la brújula del psicoanálisis, “que hacia el confín de un mar tiende su empeño”.