LO QUE SE APRENDE DE UNA RISA
por Ailín Miranda Elstein

Quisiera comenzar este pequeño escrito dando cuenta de un instante acontecido en la última presentación de enfermos, el cual adquiere, tal vez, el estatuto del divino detalle: una risa. El paciente nos relató, al pasar, una conversación que había mantenido con quien era su amigo y empleador. En ella, le insistía a este último que no era buena idea que volviera a emplearlo, pues podría traerle complicaciones legales (a este amigo) como consecuencia del CUD (Certificado Único de Discapacidad) con el que el paciente contaba. No obstante, le contestó -con complicidad, según refirió el paciente-: “si nos hundimos, hundámonos juntos”. Y entonces, una risa.

Este detalle, probablemente imperceptible para muchos, fue tomado por el analista, en conversación con el resto de los presentes, como un instante fundamental, pues en él había acontecido algo del orden del lazo con el Otro. Y se constituyó, entonces, una orientación para quien sería su equipo tratante: hay que detenerse en las palabras que hacen lazo.

¿Qué nos enseña la presentación de enfermos? Dirá Miller (1986) respecto a esto, que “enseñanza, Lacan no profiere ninguna en ese lugar. Lo que se aprende, se capta al vuelo, de la boca de uno o de otro, y nunca se está demasiado seguro de asir algo con la mano, o nada” (p.155). Por ello, la presentación de enfermos nos deja preguntas, ejes de reflexión y, a veces, alguna orientación, no al modo de una consigna o de una verdad, sino de una resonancia, singular, en relación con ese paciente. Así, la relación a una presentación permanece singular para cada uno.

Este dispositivo, esta práctica centrada en la clínica que implica el encuentro con un testimonio vivo y no con el soporte de una demostración, se aleja diametralmente de todo saber aplicable al paciente, justamente por el hecho de que, en realidad, se trataría de dar cuenta de lo que hace aguas en los saberes constituidos para, así, poner en marcha el trabajo del uno por uno, el de la invención a medida para cada sujeto a partir de descubrimientos y hallazgos ahí mismo captados.

Decimos, entonces, que no se trata de verificar un saber a priori, ya allí presente, sino de construir uno al modo de una invención; no se trata del psicoanalista-maestro desplegando y dando cuenta de un saber estandarizado. Por el contrario, es el paciente quien aquí enseña a un público que es testigo de su testimonio y es por ello que Jacques-Alain Miller prefiere hablar de “la enseñanza de los enfermos”. Es así como aprendemos.

En cada presentación, por tanto, acontece una enseñanza que es en sí misma original dados sus efectos inesperados, que son los que realmente importan. La formación sería un efecto producido por diversas situaciones sobrevenidas durante el encuentro: un efecto de sorpresa, de división subjetiva, un topetazo con lo trágico, que implicarán el establecimiento de un antes y un después. A veces, es una risa lo que nos enseña.

Podríamos decir, entonces, que es de la clínica de lo que se aprende.

 

Bibliografía

BERGER, V. (2016). La presentación de enfermos de Jacques Lacan, el psicoanálisis en el presente. Revista de la orientación lacaniana de la ciudad de México, Nº 2. Recuperado en: http://www.nel-mexico.org/index.php?sec=GLIFOS&file=GLIFOS/002/Politica-episteme-ensenanza/La-presentacion-de-enfermos-de-Jacques-Lacan.html

BRIOLE, G. (2012). El efecto de formación en la presentación de enfermos. Revista de la École de la Cause freudienne, N° 52. París, pp. 63-66.

LACAN, J. (1970). El reverso del psicoanálisis. Seminario 17. Buenos Aires: Paidós.

MILLER, J-A. (1986). Matemas I. Buenos Aires: Ediciones Manantial.

VALCARCE, L. (2015). Las presentaciones de enfermos en Lacan. Buenos Aires: Grama Ediciones.

 

 

 

AILÍN MIRANDA ELSTEIN

Pasante en el Htal. Esc. S. M. Dr. Carlos Pereyra.
Estudiante de Psicología de la UNSL

En esta ocasión, desde la Subcomisión de Presentaciones de Enfermos, invitamos a una participante del CID Mendoza a conversar sobre algunas resonancias de la última presentación de enfermos a cargo de Gerardo Maeso*