LA MUJER SEXTEANTE
por Valentina Arias

Llevo algunos años estudiando las prácticas de exhibición sexual de mujeres en medios digitales, una forma académica de nombrar al sexting, esto es, la producción y posterior intercambio (vía redes sociales o Whatsapp) de imágenes eróticas o pornográficas del propio cuerpo. Más allá de las múltiples variantes que la práctica adquiere, hay un rasgo inmutable: las mujeres producen una imagen de su cuerpo que luego le comparten a otro. He entrevistado a más de 20 mujeres jóvenes[1] sobre estas prácticas: cómo lo hacen, desde cuándo, con quiénes, por qué. En esta oportunidad, quería compartir algunas reflexiones sobre ciertos rasgos y modos de funcionamiento del sexting que emergen recurrentemente en las entrevistas; formas que adquiere esta práctica que encontrarían en el discurso histérico lacaniano una clave de interpretación.

La secuencia de la práctica del sexting, con algunas variaciones, es más o menos así: la mujer se prepara para la sesión de fotos (se baña, se depila, a veces se pone lencería erótica, a veces se maquilla y se peina, en casi todos los casos ordena el lugar donde va a fotografiarse), se saca muchas fotos (de a decenas, variando las poses y los encuadres, jugando con las luces y las expresiones del rostro), luego las mira y las vuelve a mirar, elige una o dos, aquellas que más la conformaron, en las que cree que se ve mejor (el resto de las fotos, las “feas”, las elimina) y finalmente, las comparte con el varón. “¿Qué esperás que el otro responda?”, les pregunto. “Que soy linda, que le gusto, que lo caliento”, responden. “Pero primero la foto me tiene que gustar a mí”, dicen. “No me importa lo que él me haya pedido, yo le mando lo que a mí me gusta”, aseguran. “¿Preferís enviar tus fotos o recibir las del otro?” “Enviar las mías, sin dudas”, responden todas.

En el discurso histérico, el sujeto barrado es un sujeto que se interroga y se dirige al Otro, encarnado en este caso en el partenaire, ubicado en el lugar de S1 -de significante amo- para que produzca un saber. ¿Soy linda?, pregunta la mujer sexteante.  Se lo pregunta al varón a quien le envía la imagen pero también -y en primer lugar- se lo pregunta al teléfono, a la pantalla que le devuelve su imagen. Las decenas de fotos que se saca son una forma de preguntar, de buscar respuestas que nunca serán del todo satisfactorias.  Por eso, si bien a primera vista podríamos equiparar a estas mujeres con la figura de Narciso, quien se mira en el reflejo del agua para confirmar su belleza, hay otra figura que intuyo se les acerca más: la Bruja de la Blancanieves. Esta bruja no tiene certezas, mujer barrada, duda y le pregunta continuamente a su espejo-Otro: ¿soy linda? La quietud de las aguas-espejo le confirma a Narciso la respuesta a una pregunta que nunca se hizo; por el contrario, la inquietud histérica de la Bruja no cesa en su preguntar: ¿soy linda, te gusto, te caliento? Lacan señala, en el seminario XVII, que la histérica le plantea un enigma al hombre tal como hace la Quimera. El discurso de la histérica, dice Lacan, “tiene el mérito de mantener en la institución discursiva la pregunta por lo que constituye la relación sexual, a saber, cómo un sujeto puede sostenerla o, por el contrario, no puede sostenerla. En efecto, la respuesta a la pregunta por saber cómo puede sostenerla es la siguiente – dándole la palabra al Otro y precisamente como lugar del saber reprimido” (Lacan,1969-70/2008, p.98).

Así, la histérica pone a producir saber sobre el goce (sobre el cuerpo) al otro mediante sus fotos-preguntas. Ahora bien, cuando el varón envía su foto-respuesta (en todos los casos, un primer plano del pene erecto), la mujer sexteante dice sentir indiferencia, molestia e incluso, a veces, un profundo desagrado. Es que a la histérica no le importa la respuesta que vuelve del Otro, no se satisface con lo ya sabido, porque lo que busca es el deseo y entonces la imagen de un pene en erección no le vale, no le gusta, no la quiere: no le permite sostener al Amo castrado. “Lo que la histérica quiere, en el límite, que se sepa, es que el lenguaje no alcanza a dar la amplitud de lo que ella, como mujer, puede desplegar con respecto al goce. Pero lo que le importa a la histérica no es esto. Lo que le importa, es que el otro que se llama hombre sepa en qué objeto precioso se convierte ella en este contexto de discurso.” (Lacan, 1969-70/2008, p.35)

En definitiva, ella, que todo el tiempo está marcando algo del orden del goce, no sabe del goce del propio cuerpo…pone al otro a producir un saber pero termina no sabiendo nada del propio cuerpo. Por esto, la pregunta de la Bruja de Blancanieves es permanente y lo que siempre queda tras el velo del enigma es el propio goce de la mujer sexteante.

[1] Se trata en todos los casos de mujeres cisgénero con orientación sexual heterosexual, de 18 a 25 años.

 

 


VALENTINA ARIAS

Lic. en Comunicación Social, doctoranda de CONICET en Ciencias Sociales.

Soy comunicadora social, elegí la carrera porque tenía un poco de todo pero terminó teniendo mucho de nada. Al final, me dediqué a estudiar otras cosas, a investigar y a dar clases. Estoy de novia hace 10 años con Ariel, con quien tenemos dos hijas: Vera y Galia.