LA HISTERIA. DEL DESEO AL GOCE:
LAS VUELTAS DEL DISCURSO
por Pía Fracchia

“Después de algunas editoriales; el dossier.

Tratando de incluir algo personal.

¿Qué es un autor?

¿Cómo decir algo distinto, algo no demasiado repetido, algo no dicho infinidad de veces?”

 

Antes de entrar de lleno en la temática de la histeria me hago dos preguntas; que, creo, se responden en el trayecto de lectura del Seminario 17 de Lacan. Sabiendo que, si bien, los textos son los mismos, los trayectos son bien distintos.

La primer pregunta es; ¿cómo ir más allá del campo significante, del deseo, para darle lugar al asunto del goce?. Una respuesta posible la encontramos en ese seminario, donde, con la escritura de los discursos “Lacan” propone ir más allá del campo del significante, e introducir la cuestión del goce, ya que incluye en esa escritura, además del  sujeto barrado, el S1 y el S2; al objeto a.

Esto mismo podríamos pensarlo, también, en los términos que Foucault plantea; no se pueden reducir las practicas discursivas a las huellas textuales, sino que los modos de implicación del sujeto en los discursos está en relación a los acontecimientos que producen. Entonces, la verdad de un discurso no es otra que las “practicas de goce”.  El goce tiene consecuencias en las vidas. Efectos.

La segunda pregunta es; ¿cuál es la situación del goce en nuestro mundo actual?. Para decir algo sobre este asunto, creo hay que partir del más allá del Edipo, y Lacan dedica todo un apartado de su Seminario 17 a esta temática. Si el padre ha sido una de las figura construida a lo largo de la historia para vigilar el goce, y si esa figura hoy es controvertida; ¿cómo se vive el goce hoy?.

Que no haya, en nuestro mundo actual, un empuje a un modo estándar de gozar, sino un “cada uno puede gozar como más le guste”, puede producir un efecto de libertad, nuevos modos de vivir la pulsión; pero también puede producir un efecto de intenso terror e intento de volver a lo conocido y seguro, un retorno violento a lo anterior.

 

Luego de haberme preguntado sobre estas generalidades, me voy a detener fundamentalmente en el discurso de la histeria. Pero, tomando como eje de escritura algunos giros posibles que puede dar el discurso de la histeria; no me quedaré sólo con ese discurso, sino, intentaré pensar cómo ese discurso se puede mover y producir nuevos efectos de goce.

En relación al discurso de la histeria hay que recordar: el sujeto barrado se ubica en la posición de agente del discurso, lugar que también puede ser leído como “lugar del deseo”, y se dirige al S1, el otro en el lugar de amo o de “gran Otro” para producir saber, el S2 -aquí la producción también puede ser leído como perdida-; y la verdad, oculta, es el objeto a, el ¿de qué se goza?.

El discurso histérico, por fuera del análisis, relanza al sujeto a cargar la barra y castrar al amo; barra entonces soportada por el sujeto mismo y por el otro, producción de saber siempre insuficiente e infinita; y, a creer -al mismo tiempo que velar- una verdad de goce: creer en que el Otro/Otra goza pero desconocer la verdad del goce propio. Hacer trabajar al amo para producir saber, luego castrarlo y sostener la ignorancia del propio goce.

Eric Laurent en “Lacan y los discursos”, recuerda que la histeria quiere un amo, la histeria lo inventó y participó de su mantenimiento. Quiere un amo para operar, para incidir, para alojar en él su síntoma. Pero quiere un amo fundamentalmente para poder castrarlo y enfrentarlo con la impotencia del saber. Freud, enfrentado a la histeria, intentó hablar del conjunto de las mujeres, enumerar las salidas posibles del Edipo, enumerar los modos de satisfacción sexual de las mujeres, etcétera, etcétera; sin embargo, permanentemente se encontró con algo oscuro, algo que se le escapaba y no lograba explicar. Lo innumerable.

 

Y los discursos de Lacan giran, y el discurso de la histeria también, dando lugar a distintas modalidades de goce; y, antes de pasar al giro evidentemente deseado por los analistas; voy a dar unas vueltas por otros lugares que en el último tiempo me han parecido entretenidos, interesantes y a veces horrorizantes.

Teniendo como disparador la temática de la histeria y la situación del goce en el mundo actual, recordé las ultimas dos series que me han resultado sumamente atrapantes. “Wanderlust” y “El cuento de la criada”. En ambas se producen acontecimientos, efectos, “practicas de goce”; modos bien distintos de vivenciar el goce y también el deseo.

Wanderlust, serie británica, protagonizada por Toni Collette, que trata de los avatares del deseo y el amor en un matrimonio atrapado por la monotonía de la vida cotidiana. Ella, madre, esposa, mujer, terapeuta de pareja, analizante; apresada en la rutina y tratando de salir de ese lugar. Él; un obsesivo ordenado, tratando de seguirla. Aburridos, agobiados, con poco lugar para el deseo y para otro goce. En el intento de salvar algo del orden del amor, deciden abrir la pareja a nuevas experiencias sexuales: idea creada y propulsada por ella.

Una escena:

“Ella llega de su segunda cita sexual con otro hombre, que no es el marido; al llegar a su casa, con su marido, ella le quiere contar todo, desde ¿qué pidieron para cenar?, ella quiere que él sepa todo. Él dice que no, y le pide que vaya directamente al grano: al encuentro sexual. Ella le empieza a describir, a contar, cómo se besaron, se desvistieron; y mientras tanto, sin poder continuar el relato, los dos comienzan a excitarse como hacía tiempo no les ocurría. Después de mucho aburrimiento, se produce, en ese momento, un encuentro sexual inédito y se relanza algo del deseo”.

Recordé esta escena pensando en el deseo histérico, siempre insatisfecho y siempre de otra cosa, ese deseo de deseo; y, cómo finalmente el deseo histérico no es patrimonio únicamente del sujeto histérico,  sino que es la base de todo deseo neurótico.

Aunque las cosas en la serie después se complican, claro, lo que me interesa es ubicar –más allá del deseo- el empuje de la histeria a producir un saber. Y forzando un poco la serie y también mi texto, podemos preguntarnos; ¿qué quiere saber la protagonista?.  Creo que más allá de todos los embrolles del deseo histérico, del cómo ser causa del deseo de su marido pero también cómo hacerlo causa de su propio deseo; lo que ella quiere saber es algo del orden del goce; ¿cómo se goza?. Un intento por saber por qué las cosas funcionan y por qué no funcionan. Y en este intento de saber, se anima a ir más allá del orden social establecido, “estándar”, más allá del padre, para investigar en la singularidad de los goces. Dada la posición de analizante de la protagonista, se produce cierto giro respecto a la posición histérica y lo que quiere saber es del goce que nada sabe.

En “El Cuento De La Criada” encontramos otra salida, esta es bastante horrorizante. ¡Qué vuelta!. Es una serie estadounidense creada por Bruce Miller y basada en la novela de Margaret Atwood de 1985; sobre un futuro distópico e indeseado. Frente a los excesos del goce se propaga una infertilidad mundial causada por infecciones de transmisión sexual y contaminación ambiental. La consecuencia es el retorno a un fanatismo religioso, un gobierno totalitario, generador de nuevas castas donde las mujeres no tienen derecho a trabajar, a leer ni a escribir. El único valor de la mujer es ser madre. Y de allí la trampa para ambos sexos: quedar subsumidos a un único régimen de goce.

Frente a la apertura de los distintos modos de goce, el avance de cierta libertad y aceptación; lo que surge es el terror y el retorno violento a lo anterior. Se produce un intento de restablecimiento fálico, el padre en el lugar de amo, padre que vigila, ordena, y castiga; intento no sólo protagonizado por los hombres sino también pensado, sostenido, empujado e incluso impulsado por las mujeres. Aparece “El Padre” como construcción.

Vuelta violenta hacia atrás, al discurso del amo, directo, con muy poco o nulo espacio para lo femenino, entonces, ¿si hay un discurso amo implacable, instalado, qué lugar para la histeria?.

En el cuento de la criada, en parte, es la histeria la que empuja a que los hombres se ubiquen como amos; luego eso se les va de las manos y no hay forma de pararlo, no hay forma de castrar al amo. Y Allí: la lucha por intentar quebrar el régimen. Al decir de Lacan, con el goce una vez que se entra, no se sabe hasta dónde se va. “Se empieza con las cosquillas y se acaba en la parrilla”.

 

Para terminar y siguiendo un poco la orientación de la primera serie, doy la ultima vuelta: la salida analítica. En el Seminario 17 Lacan aborda el segundo sueño de Dora, donde ella en lugar de quedarse atrapada en el padre muerto como quien vigila/ordena el goce, se dirige a un más allá y busca un saber sobre el sexo ignorando por la posición paterna.

La impotencia del saber amo para dar cuenta del goce incluido en el síntoma histérico, finalmente, impulsa a un más allá; más allá que no sólo ha dado lugar a la invención del psicoanálisis sino también al avance de la ciencia. “¡El sujeto histérico quiere saber!, ¿por qué las cosas funcionan y por qué las cosas no funcionan?”.

Por esta razón, es que un análisis se inicia siempre desde el discurso histérico, para que un sujeto entre en análisis primero hay que lograr histerizar el discurso; para luego, gracias al deseo y a la posición del analista -a la ubicación del analista como agente/objeto causa de deseo- enfrentar al sujeto con lo real del goce, esas marcas, como imposible de eludir y de decir, y con el otro saber como verdad revelada, relativa y a medias.

Entonces, ¿cuál es la responsabilidad del psicoanálisis, del discurso psicoanalítico, al menos del lacaniano, en este más allá del Edipo?. La posibilidad de ir más allá de las identificaciones nos enfrenta con lo más inamovible, innombrable: la singularidad del goce. Por tanto, el desafío implica des-identificarse de las identificaciones, identificarse con lo más propio de cada sujeto: su marca de goce, sin por ello segregarse del otro.

Lacan propone que el goce no se puede nombrar como “uno”, sino “una por una”, en femenino. Esto como alternativa a la vida contemporánea, el envés de la vida contemporánea; y también el revés de las consecuencias de la ciencia y el capitalismo: “miles de objetos diseminados por la mirada vs algunas pocas escrituras inolvidables y malentendidas”.

Por el difícil hecho de ser un lugar vacío, el deseo del analista esta en el campo de lo femenino. Y la complejidad empuja a la invención. Porque al final, las condiciones de goce aparecen, y esta es la revelación inquietante: “su goce es el suyo y no va a tener otro”. Ya no es un saber sobre el “objeto a” de lo que se trata, sino un saber hacer con el propio goce: el modo singular de cada uno/a. Y el analizante, en femenino, llegado a este punto, no tiene otra opción más que ser, un poco, su propio analista.

 


PÍA FRACCHIA

No toda: practicante del psicoanálisis; miembro de Acep; responsable local y docente del CID Mendoza-IOM2. No toda: estudiante; deportista; analizante; madre; amiga; compañera; amante; y apasionada por los distintos modos del arte. Y, ante todo: enérgica y corredora.