STM620298; Saint Louis Art Museum, Missouri, USA; out of copyright

La educación y el amor
por Silvia Ledda

¿Cómo pensar la educación en relación al amor?

¿Porqué podemos hablar de educación y a la vez, de amor?

Siempre que nos adentramos en el mundo de la educación, nos acompañan pequeños hechos, situaciones cotidianas, en donde se van mostrando distintas facetas de los seres humanos que se involucran en ellos…. Es un hecho tan humano, educar, educarse, educarnos, que no podría ir separado de una de las características esenciales del hombre: poder amar y ser amado.

Ese amor, en sus distintas formas, puede encontrarse en cientos de esas vivencias que nos inundan en los pasillos de una escuela, entre los bancos de un aula o incluso, como ha ocurrido en este 2020 -año tan único como inesperado- en un encuentro mediado por un dispositivo electrónico…  El acto de educar, es algo infinitamente más profundo que enseñar lengua, matemática, arte o ciencias….Trasciende muros, familias, costumbres….A veces, incluso, no sólo los trasciende, sino que interpela a ese mundo, lo cuestiona, lo modifica.

Y por eso, elijo hablar de un referente de siempre para los que educamos: el pedagogo Paulo Freire. El nos dice que la educación es un acto de amor, y por esto, un acto de coraje. No puede temer al debate; no puede rehuir la discusión creadora (“La educación como práctica para la libertad”, Edit. Siglo XXI)

Freire nos lleva a pensar en la educación transformadora. Pero no es una mera declaración: es un acto, es un hecho, que se da, cuando la verdadera educación ocurre ¿Y porqué decimos “transformadora”? Porque realmente, cuando un sujeto aprehende, partiendo de sus conocimientos y saberes cotidianos, profundizándolos, pero sin apartarse de ellos, reconstruyéndolos, cambia…Esa persona que aprehende, que cuestiona, que analiza críticamente la realidad, pero con optimismo, es una persona que cambia, y que, a la vez, modifica el mundo. Es praxis.  Y cuando se dan esos procesos, profundos, que transforman seres y a la vez, el mundo del cual éstos forman parte, se está ante el verdadero proceso de educación. Y, en ese proceso, se da un acto de amor… Hay una escucha del otro, hay un ponerse en el lugar del otro, hay una bidireccionalidad en la que, el que aprende, enseña y el que enseña, aprende.

Freire dice que “no hay cambio sin sueño, y que no hay sueño sin esperanza” (Pedagogía de la esperanza) Habilita la educación como motor del cambio, en el camino para hacer concretos esos sueños. Sueños de una sociedad mejor, más humana, más igualitaria, en donde a través de la educación, el sujeto interviene en el mundo. La educación, es esencialmente, esperanzadora. Siempre. Somos testigos de ello,  en lo cotidiano: estudiantes que, a través de la educación, advierten  puertas que se abren, son parte de vivencias quizá, nunca soñadas, lenguajes que los comunican con otros rumbos, caminos que comienzan a visualizar cada vez, más cercanos. Los ejemplos, se ven: Agostina, que después de la experiencia de formar parte de una orquesta escolar, aprender otro lenguaje, conocer lugares, contactarse con otras personas del arte, decide el rumbo que le dará a su vida en el futuro; o Alejandro, que reconociendo en esa profesora de Humanidades, esa persona que lucha por enseñar con libertad, con amor, que le importa ese otro, se identifica con ella “quiero ser profe como vos”, y posiblemente, resulte en un cambio rotundo en la vida de ese joven y en la de su familia; Genaro, sin una familia cercana, estando al cuidado (o pseudo cuidado) de algunas personas, en la escuela encuentra un adulto referente, su preceptor, quien no sólo lo orienta en su aprendizaje, sino que le da ejemplo de vida y al final de la historia, el adolescente pasa a ser parte de un nuevo núcleo familiar, y además,  elige -ya fuera del contexto escolar-  como padrino a su preceptor, dando un giro tan inesperado como hermoso a su historia personal.

 

Ante la pregunta “¿cómo pensar la educación en relación al amor?” me pregunto lo opuesto: “cómo no pensar la educación relacionada con el amor? ¿se puede educar verdaderamente sin involucrar el amor al otro…sin involucrar-se?

En ese camino compartido de la educación, es ese acto de intentar construir con el otro el aprendizaje, poniéndose uno al lado del otro, educador y educando, intercambiando saberes, vivencias, sentires, aprendiendo juntos una nueva forma de construir, a la vez, el mundo. El amor es parte de esa construcción. Hay cientos, miles de vivencias que lo atestiguan…

Soledad, de 1er año, se desconecta, cuando la conexión es el nexo educativo…La buscamos, su familia no está más en donde vivía….Investigamos, con sus compañerxs, con las maestras de la primaria adonde asisten sus hermanos, hasta que damos con ella. Se fueron a otro distrito, buscando otra finca.. No sabemos bien adonde queda…Hablamos con la gente de la Municipalidad, les pedimos que nos ayuden a buscarla…Hasta que damos con ella. El único teléfono del que dispone la familia, lo tiene su mamá, con su hermanito bebé, internado en el hospital. Nos movilizamos.  Y con la ayuda de varias personas, le podemos hacer llegar las actividades escolares en papel…Soledad, retorna a su actividad de estudiante. Y sabe que cuenta con su escuela. Esos también, son actos de amor.

Cuando la educación se centra en el otro, ese otro que aprende y que enseña, ese otro que necesita de vos y vos de él, ese otro que está recorriendo de a poquito, un camino en el que el docente acompaña, una y otra vez, a los distintos caminantes…..Cuando esto acontece, realmente, se convierte en un acto amoroso. Amor y camino de aprendizaje. Amor y camino de enseñanza. Amor y lucha por lograr un mundo mejor. Y para ello, la educación es una de las herramientas más poderosas que existen. Es la “marcha de los que saben que cambiar, es posible”, diría Freire (Pedagogía de la indignación, Edit. Siglo XXI)

 

En un año como éste, en el que el docente ha ido haciendo más que nunca, camino al andar, en un año de excepción (Rivas, 2020), se muestra también el compromiso desde la emoción que se ha llevado adelante en ese proceso, desde el docente y desde el estudiante.

Por eso, la educación es escucha.

Por eso, la educación es transformación.

Por eso, la educación es esperanza.

Por eso, la educación es amor.

 

 

 

SILVIA LEDDA

Profesora de Ciencias Naturales. Directora por concurso de escuelas secundarias, actualmente es la Directora de la Escuela 4-159 César Milstein, El Vergel, Lavalle, Mendoza.
Ex Sub Directora de Educación Secundaria de la Provincia de Mendoza (DGE)
Sueño y trabajo por un mundo mejor, en donde nos respetemos unos a otros, y entendamos que nadie es más que nadie y que somos parte de un todo, junto a la naturaleza….
Ah, y me gusta mucho la música!