«JOKER» (2019)
por Lucas Simó

¿Hay diferencia entre la realidad y la ficción? La ficción tiene mayor sentido. Sería suficiente con hundirse en la crudeza del Joker de Todd Phillips interpretada por un alucinante Joaquín Phoenix para advertir sobre el futuro posible de una sociedad distópica, presente en el cómic y también en el cine, y que puede vislumbrarse en diferentes núcleos urbanos de todo el mundo donde una ciudad se desploma bajo la ruina financiera y el desempleo, dejando sectores sociales sumidos en la pobreza y privados de sus derechos más fundamentales. Pero en ese contexto hay quien se ríe de manera notablemente estruendosa y en momentos inapropiados, acuciado por un trastorno neurológico, pero es necesario permitirse la pertinencia de una lectura bajo sospecha que muestra una alegría rimbombante ante el derrumbe de un sistema tan perverso como segregativo.

Una escena. Arthur y Randall, ambos payasos a sueldos, dialogan luego de que Arthur recibiera una paliza por parte de un grupo de jóvenes. Randall le da un arma, Arthur se niega a recibirla pero Randall insiste, incluso recurre al tan mentado axioma de la época, “me la pagarás cuando puedas y como puedas”, los objetos deben adquirirse ¿a cualquier costo? Curiosa escena, Randall entrega el arma en mano con la cual encontrará su propia muerte ¿aquél fue el precio? Que suerte pa’ la desgracia decía Pepe Biondi.

Lo inesperado, acontece, sin previsión posible. Una relación con el arma lo ¿arma o lo desarma? en tal caso lo significa de otro modo. El primer efecto de sorpresa ocurre cuando haciendo su número en un sala con niños internados ésta cae de manera imprevista, lo que le cuesta su puesto de trabajo. Ya no hay más payaso que haga reír. El segundo efecto de sorpresa aparece cuando dispara el arma sin intención mientras la manipulaba estando en living de su departamento. El tercer efecto de sorpresa lo liga con su propio goce, dispara y mata y lo seguirá haciendo decididamente reconociendo que jamás hubiera pensando que se sentiría tan bien haciéndolo. Con la madre opera la excepción, luego de acceder al historial clínico se desarma, desfallece su entramado simbólico. A ella la asfixia con la almohada. Deja caer a aquella a quien amaba y lo armaba.

Desde la repetición a la marca, a la diferencia absoluta con lo previo, en el instante en que el arma se hace presente como imprevisto, también como accidental y es notable como algo se interrumpe, se rompe lo preestablecido por un programa. Lo contingente, al decir de Lacan, adquiere un valor de novedad absoluta, sin marca previa, y que bien podemos relacionar con el concepto de acontecimiento contingente que propone el filósofo Alan Badiou como marca única que traza una línea divisoria en el tiempo, hay un antes y un después en relación con él. Todo acontecimiento es una marca de valor de una subjetividad, deja una huella indeleble y coacciona a la decisión de hacer algo a partir de esta irrupción.

Otra escena. En la película Batman: El caballero de la noche, el Guasón (Heath Ledger) dice a Batman (Christian Bale), en la escena donde ambos pelean en un edificio en construcción y antes de que el Guasón sea lanzado al vacío por Batman y luego asegurado con la baticuerda: “No puedes confiar en nadie hoy en día, tienes que resolverlo todo solo, ¿verdad?”. Después, mientras el Guasón pende de dicha cuerda, afirma: “No vas a matarme por algún sentido inadecuado de moralidad y yo no te asesinaré, porque tú eres muy divertido (risa). Creo que nuestro destino es hacer esto eternamente”. A lo que Batman responde: “Eternamente, estarás en un cuarto de manicomio” y el Guasón replica: “Podríamos compartirlo, porque subirá al doble la cantidad de ciudadanos que perderán la cabeza (…) La locura es como la gravedad, sólo necesitas un empujón”. Empujón que siempre será efecto de una contingencia…