exactitud

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exactitud, eso buscaba en cada uno de los vestidos que diseñaba. Atento a cada detalle, recorría con su mirada penetrante cada puntada del hilo que aparecía en la superficie y que se volvía a perder en el entramado del tejido. A su lado, estaba ella, tratando de descifrar el objeto de su mirada, con esa misma exactitud, queriendo pesquisar alguna sutileza, un indicio que la condujera a ese encuentro íntimo que él mantenía en ese instante. Soñaba con ese hallazgo, en el que se entregaba casi de manera absoluta, y se perdía en un naufragio de imágenes que se desvanecían en medio de la bruma del mar de su sueño. Sin embargo, en la eternidad de ese momento, en el que su presencia toda desfallecía, se confrontaba a la exactitud del abismo del deseo.