Entrevista a Graciela Esperanza

En el dossier del número anterior de Conversaciones con Otro, Andrés Romero nos invitaba a “conversar con Otro para no saber todo, para ser no-todos… o peor».[1]

Nos hicimos eco de esta propuesta en la Sección Presentaciones de Enfermos; y nos condujo a interrogar las conversaciones entre psicoanálisis y psiquiatría. ¿Cómo pensar allí ese no saber todo necesario para ser no-todos…o peor? 

Para este banquete, invitamos a Graciela Esperanza, quien con su precisión tan singular y fiel a su estilo logra cernir, en cada presentación de enfermos, esa diferencia absoluta que testimonia el sujeto psicótico.

Las preguntas…o peor.

La Exposición en lo de Daumezon de 1970, señala de manera excelsa lo que Lacan sostiene respecto del aporte del psicoanálisis a la semiología psiquiátrica. Subraya que aquello que lo sorprende de las presentaciones de enfermos, es una “dimensión semiológica singular (…) que merecería tomar su lugar en la semiología psiquiátrica (…)”[2]. En ocasión de lo que nos convoca, una inversión de dicha premisa invadió fervientemente nuestra curiosidad. Por tal motivo, le preguntamos: ¿Es posible ubicar algún aporte de la psiquiatría al psicoanálisis, en el marco de las presentaciones de enfermos?

Debo decir que me sorprende la pregunta, la curiosidad que suscitó que se les haya presentado una inversión de la premisa para situar el aporte de la psiquiatría al psicoanálisis. Para llegar a eso voy a dividir la respuesta en dos partes.

En la primera quiero comunicarles algo muy reciente que se remonta al comienzo del año 2020. Ustedes saben que nosotros llamamos “presentaciones de enfermos” a una práctica que llevamos adelante desde la creación del Instituto Clínico de Buenos Aires, antes Sección Clínica desde 1998 aproximadamente. Lacan las llamaba así y en nuestro ámbito se las siguió llamando de esa manera. Asimismo, esta práctica es y ha sido objeto de muchas objeciones y voces críticas que se han hecho oír desde distintos lugares. Por un lado, desde una cierta posición supuestamente humanista de la salud mental que considera que puede ser violatoria de los derechos humanos de los pacientes, por cuanto expone la intimidad de los mismos a un público que excede el ámbito terapéutico.

Por el otro, desde el psicoanálisis mismo y de psicoanalistas lacanianos que plantean que esta práctica es lisa y llanamente un resabio derivado de la práctica médica. Hay un viejo texto de Jorge Jinkis, psicoanalista lacaniano, que establece que entre la práctica médica y las presentaciones de enfermos no hay solución de continuidad, una continúa a la otra prácticamente sin diferencias.

Frente a esto y por las confusiones indeseadas que surgían a partir de esas críticas es que desde el ICdeBA y la Maestría en Clínica Psicoanalítica se decidió en el año 2020 que cambiara su nombre por el de “Testimonios clínicos”. Las “Presentaciones de enfermos” no se llaman más así, ahora se las denomina “Testimonios clínicos”, no solo en el ICdeBA, también se extiende a la cátedra de Psicopatología de la UBA.

Y este cambio se apoya en el valor que tiene para el sujeto que acude a la entrevista poder dar testimonio de sus experiencias. Podría seguir dando mi idea de la cosa pero me detengo aquí y paso a la segunda parte de la respuesta a propósito de la inversión de la premisa. Pero me parecía importante hacerles saber de esta modificación.

Voy a la segunda parte de la respuesta. Esta práctica que Lacan hereda de la psiquiatría, que subvierte en su esencia y cuyas diferencias hemos señalado y trabajado mucho muchas veces, es uno de los aportes de la psiquiatría al psicoanálisis. El espacio de la misma es, en efecto, una herencia de la psiquiatría, pero no de la psiquiatría así a secas, sino de la psiquiatría clásica con sus preciosas descripciones, sus grandes instancias diagnósticas y, por qué no, sus intentos fallidos de formalización.

La gran producción que caracterizó ese diálogo constante entre Francia, Alemania e Italia, entre otros, constituye según Lacan la bella herencia que nos dejó la psiquiatría clásica, que nos dejó el siglo XIX.

Y cómo no traer ese gran reconocimiento que Lacan hace en De nuestros antecedentes a de Clérambault, a quien llama “nuestro único maestro en Psiquiatría”’

Cito:

Su automatismo mental, con su ideología de metáfora, muy criticable sin duda, nos parece, en su manera de abordar el texto subjetivo, más cercano a lo que puede construirse por un análisis estructural que ningún esfuerzo clínico en la psiquiatría francesa.

Somos herederos de la psiquiatría clásica del siglo XIX y comienzos del XX, muy diferente a la que siguió y está hoy en vigencia, que está claramente subsumida en el universo de la medicación y del océano de falsa ciencia que es para mí lo que ocurre con las llamadas neurociencias de las que estamos claramente separados.

Si hemos de reconocer algún aporte además del dispositivo, será sin duda el que debemos a ese momento de brillo extraordinario de la psiquiatría clásica y que tomamos de sus grandes exponentes de Clérambault, Kraepelin, Séglas, Ballet, Baillarger, Sérieux y Capgras, Guiraud.

Hasta allí llegamos.

Luego, ya con Lacan, en La introducción a la edición alemana de los Escritos llega el momento de desheredarse. Entiendo que un espacio como el de los Testimonios Clínicos es por el contrario hoy un dispositivo para continuar el camino de desherencia: una desherencia que es radical y empezó Lacan cuando decidió realizar a lo largo de su enseñanza sus presentaciones para que podamos construir otra clínica que la psiquiátrica con sus grandes categorías.

Recurro acá a Miller: “…la clínica psicoanalítica está lejos de haberse independizado de la clínica psiquiátrica (…). La Sección Clínica no es para nada con la idea de confundirlas, es por el contrario con la idea de seccionar las adherencias que retienen a la clínica analítica en la clínica psiquiátrica”.

 

Como practicantes del psicoanálisis y en formación hemos participado -siendo parte de la asistencia-, en presentaciones de enfermos en las cuales Usted estuvo a cargo. Lacan señalaba, en el texto mencionado, que es en la posición de psicoanalista que se lleva adelante la entrevista con el paciente. ¿Cómo ha sido para Usted encarnar ese lugar?

Bueno, antes que nada siempre separo y distingo las entrevistas que Lacan condujo y nos legó de las que podemos realizar nosotros que somos tributarios de su enseñanza. Hay algo que es completamente intransferible y abre un surco, una diferencia. Después retomaré al final algo de esto.

La entrevista es cada vez una apuesta, nada está asegurado, tienen una intensidad y una densidad muy difícil de explicar. Uno está completamente solo y al mismo tiempo no, y se debe lograr en todos los casos una intimidad imperturbable con el paciente, una isla rodeada de un otro presente y silencioso. Es increíble cómo se puede acceder a ese espacio y que se arme allí una cápsula.

Miller da fe de lo que puede tener de penosa, Laurent dice que es una práctica que conlleva una cierta rudeza, nunca se sabe de antemano lo que allí va a suceder, cuando se acerca el momento una expectativa apremiante y un no saber radical acompañan cada encuentro. Cada ir hacia allí marca una diferencia, no solo es la entrevista sino experimentar ese momento previo al encuentro, momento de no saber radical que tiene sin duda el valor de una experiencia cada vez. ¡Jamás rutinaria!

Una sumisión completa a las posiciones propiamente subjetivas del enfermo como nos enseñó Lacan es siempre la guía en la cual me apoyo para que no sea la impostura la que domine la escena. Es el esfuerzo de acompañar lo que se va escuchando y poniendo en forma en esa escena que tanto la mirada como la voz enmarcan generando un espacio otro para que, no en todos los casos por supuesto, algo se presente inesperado tanto para el entrevistador como para el entrevistado.

No creo haber sido muy original en lo que dije para responder la pregunta pero ciertamente es una marca muy fuerte. Es y sigue siendo una práctica insoslayable en el trayecto de mi formación como analista, ocupa un lugar único que se agregó a mi práctica, a mi análisis y a mi experiencia de control y lo agradezco mucho.

 

Finalmente, la propuesta del Seminario 19 “…o peor” para el Seminario Clínico Anual del IOM2 de este año nos pone necesariamente a trabajar: ¿Qué enseñanzas de las presentaciones de enfermos nos puede acercar a los primeros trazos que Lacan comienza a esbozar en este Seminario respecto a una clínica orientada por el no-todo?

Decía antes que las Presentaciones de enfermos (hoy Testimonios clínicos) que Lacan conducía tienen ese lugar fundacional que las vuelve únicas.

Entiendo que proceden y se entraman con su poderosa enseñanza que recogió los signos que muchas de sus presentaciones le presentaban y los convirtió en hallazgos que articuló a diferentes momentos de su enseñanza.

Así, en el seminario sobre Las psicosis, cuando el énfasis está puesto en demostrar la relación del sujeto al significante, nos ofrece el ejemplo de “galopinar”, ese neologismo que Lacan anuda a los fenómenos de código y de mensaje que trabajará allí y en De una cuestión preliminar…, luego su otro gran hallazgo “marrana” como modo de precisar que en la psicosis no es la proyección su mecanismo, que la alucinación no es acústica sino verbal, que la cadena significante puede presentarse bajo la forma de cadena rota.

Llegamos a la presentación del Sr. Primeau, y sus palabras impuestas que se sostiene ahora en la topología borromea. Con la topología borronea que extrae de su práctica, lee las psicosis y por eso puede llamar a esa presentación Una psicosis Lacaniana.

Esto hace que sus presentaciones sean únicas y que esos hallazgos aparezcan dado que Lacan procede de una sola manera, la atención que le da al discurso de los pacientes.

Entonces voy a la pregunta que formulan respecto al Seminario XIX y el no-todo, que por supuesto me es imposible agotar, pero diré brevemente lo que yo extraigo.

Entiendo que una clínica orientada por el no-todo, clínica de la no relación, clínica de lo imposible, clínica de la a-sexualité requiere introducirse en la topología de la palabra. Recordemos que en ese seminario introduce la frase que dice “Te pido que me rechaces lo que te ofrezco porque no es eso” y cuyo análisis y desglose culmina con un esquema de tres redondeles que llama nudo borromeo. Esa frase tiene una estructura borronea, escribe imposibilidades.

Pienso que a partir de este momento de su enseñanza Lacan se sirve de la topología borromea, el nudo borromeo como un decir que ex-siste y resiste a los dichos, los sostiene y guía su práctica de la que procede el nudo. Una clínica así orientada asiste al analista para que su escucha y su interpretación atiendan al discurso del paciente en la topología de sus palabras porque solo allí en esa topología es dado que ex-sista el no-todo del goce.

Quiero terminar citando una frase de Lacan del al año 1978 a estudiar en toda su complejidad: “hay una correspondencia entre la topología y la práctica… hay a pesar de todo una hiancia entre el psicoanálisis y la topología.

Muchas gracias por estas preguntas.

[1] Romero, Andrés. Conversaciones con el Otro. http://www.conversacionesconelotro.com/?p=2472

[2] Lacan, 1970. Inédito

 

 

Graciela Esperanza

Psicoanalista en Buenos Aires, Miembro de la EOL y de la AMP.
Docente en el Icdeba, de la maestría en clínica psicoanalítica de la UNSAM y en la Cátedra de Psicopatología II de la Facultad de Psicología de la UBA.