El sueño de los hombres
por Ignacio Rodríguez

En castellano, la palabra sueño tiene varias significaciones asociadas, e invita a la confusión. Como psicoanalistas, aceptamos de buen grado una invitación así. Por lo general puede confundirse el sueño como función del dormir con el sueño como producto onírico. Eso nos permite licencias. Si un paciente dice: -Tengo sueño; bien podríamos responderle: -Que bien, puede contármelo?. Sin embargo la RAE nos provee una tercera definición: Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse. Todos y todas en algún momento de la vida nos hemos propuesto concretar algún sueño.

Lo interesante de esta tercera definición, es que habla más de la frustración que del deseo. Si el sueño para Freud representaba la satisfacción o realización de un deseo (reprimido), en esta tercera definición nos encontramos con el sueño como un intento destinado, desde su inicio, al fracaso. Un concepto que se asemeja al Ideal, se define en tanto irrealizable.

Desde hace más de cinco años trabajo con varones y masculinidades en el ámbito público (Especialmente con varones que ejercieron violencia de genero). Esa experiencia, sin quererlo, también hizo que lleguen a mi consulta privada muchos varones, y con un motivo común, la interpelación por su masculinidad, queriendo saber si son o pueden ser lo suficiente hombres. Motivo que no siempre era manifiesto, pero que venía velado de otras quejas o inhibiciones. Dificultades para acercarse a una mujer, eyaculación precoz, exigencias sexuales autoimpuestas, etc.

El género no viene dado por anticipado, ni por un orden natural, se construye desde uno mismo o de los significantes apropiados de algún Otro. Cuando hablamos de la masculinidad en particular, esa construcción implica una buena cuota de padecimiento. Muchos sueñan poder llegar a ser un hombre con todas las letras, y realizan todo tipo de maniobras destinadas a concretarlo. Por supuesto (Y por fortuna), fallan.

Existe un chiste que dice más o menos así: Un hombre naufraga y llega a una isla desierta donde se encuentra con Scarlett Johansson. Tienen relaciones sexuales, y luego ella le pregunta si ha quedado plenamente satisfecho. El hombre le responde que si, pero que para que su satisfacción sea completa, desea formular un pequeño pedido: Si no le molestaría disfrazarse de su mejor amigo, ponerse unos pantalones y pintarse un bigote. Scarlett lo mira asustada pensando que es un pervertido, pero lo hace. Entonces él se le acerca, le da un codazo en el costado y le dice con una mueca de sonrisa altanera: ¿A que no sabes que me pasó? ¡Acabo de acostarme con Scarlett Johanson!  Esto da cuenta que la satisfacción masculina es completa si existe la referencia al Otro.

En el varón la demostración de virilidad es una exigencia para acceder al universo masculino. Curiosamente en los grupos que coordinaba una de las experiencias comunes que relataban eran las salidas a locales bailables. Ahí parecía que había dos objetivos, y al menos uno debería ser cumplido.  “Levantar” a una chica, o en su defecto “cagarse a trompadas”. Si no se es viril, que no se dude de la valentía (O como dice el tango[i]: “Mano abierta con los hombres, querendon con las mujeres…”)

Otro paciente presentaba este Sueño de masculinidad como paradoja. Me decía que solo podría hablar con otros varones viéndolos como pares cuando tenga el “prestigio” para hacerlo. “Prestigio” al que solo accedería si puede concretar el acto sexual con una chica que le atraiga (¿A él?). En simultáneo, no estaría inhibido para acercarse a una chica que le guste si ya tiene la confianza y certeza de pertenecer a ese grupo de pares. A semejanza del chiste, el encuentro con la diferencia sexual siempre esta mediado por una terceridad.

Es curioso o al menos llamativo que, en esta construcción social de los géneros, el varón deba ser definido por la negativa. Es quien no es niño ni mujer. Son muy comunes, en mi práctica al menos, los fallidos de género. Pacientes que formulan: -Mi novio, ejem, novia. -Soy amiga, ejem, amigo. Son fallidos que se rectifican inmediatamente, con urgencia y rubor. Para quien escucha es la comprobación que el sueño falló, que hay algo en la masculinidad con estatuto de mandato, de exigencia superyoica de un imperativo de goce específico.

El sueño al igual que el deseo, fracasan. Sin embargo no es lo mismo que fracase el “deseo propio” que “el sueño de todo hombre”. En este sentido la función de un análisis podrá permitir este pasaje.

El sueño de “hacerse hombre”  es un universal (hoy interpelado) caracterizado por actos, vivencias o experiencias necesarias para acceder a la masculinidad (valentía, virilidad, fuerza, autosuficiencia, etc) que funcionan como un determinismo o imposición. O como decimos los que trabajamos en género, la masculinidad normativa. Si esto fracasa, lo hace en los mismos términos en que somos sujetos del significante. Es decir, no soñamos, somos soñados. Pensar la orientación o elección sexual desde el deseo singular implica que nuestras elecciones no estén determinadas por ese Otro que exige demostraciones constantes, sino que sean desde nuestra responsabilidad como sujetos deseantes.

 

[i] Julio Sosa: Que me quiten lo bailao.

 

 

 

IGNACIO RODRÍGUEZ

Psicoanalista de ocasión. Rosarino obstinado en pronunciar las eses. Viajante encubierto y clandestino. Así conoció el interior y otros paisajes más superficiales. Actualmente reside, que ya es mucho.