El sabotaje amoroso
por Carolina Reig

El sabotaje amoroso pertenece a la serie de escritos de Amélie Nothomb de ficción autobiográfica en donde lo verdadero no pasa por lo que realmente ha ocurrido sino por la escritura de las sensaciones que de ello persisten. La verdad, para esta autora, no precisa de las coordenadas reales para decirse, se vehiculiza más bien en las formas de la ficción. Y es allí donde Nothomb hace del golpe de la realidad una textura maravillosa, su escritura se conjuga con otras líneas vivientes que hacen surgir una descollante y poética experiencia singular.

Esta nouvelle, tal como Deleuze refiere cuando trabaja sobre la novela corta, deshoja sus pliegues como un modo de tratar una materia universal: la del amor. En 1974, Amélie de 7 años, se muda con su familia al barrio de los diplomáticos en Pekín. La vida gris y el encierro que viven los niños allí es transformada por el juego de la guerra, el cofre mismo del tesoro de la vida, en donde la libertad consistía en estar por fin a merced de ellos mismos. La frase de Wittgenstein “El mundo es todo aquello que ha lugar” comandará todo el relato al que ella se entrega con inalterable pasión “tenía una leyenda que construir, una marca que dejar” hasta que aparece Elena, la niña italiana de belleza infinita, golpe de luz y centro del mundo. El gueto hormigonado estalla como vía láctea y, al fulgor de la épica del combate, el amor pasional se va nutriendo de todas las formas del desgarro: deslumbramiento, indiferencia, celos, dolor, venganza, crueldad, éxtasis, hazañas…

Amélie anuda el hábitat del lenguaje con  lirismo profundo y delicadísimo humor, en el marco de un escenario de exotismo cautivante donde la nieve es la arena del cielo y el perfume de las flores la revancha a la frialdad del hormigón. En ese fondo de gesta triunfal  tramita el pasaje de ser el centro del mundo a la dependencia de “tener que hacerse amar” por Elena. Es así que toda la novela es una cabalgata por el combate del amor, un duelo por la identidad y una nueva creación, epopeya de la que entrega uno de los pasajes más hermosos: “Llamo caballo a ese irrepetible lugar en el que es posible perder todo anclaje, todo pensamiento, toda consciencia, toda idea de mañana, para convertirse sólo en un impulso, para ser únicamente algo que se despliega. Llamo caballo a esa entrada en el infinito y llamo cabalgada desbocada al momento en el que me encuentro con las multitudes de mongoles, de tártaros, de sarracenos, de pieles rojas
u otros hermanos de galope nacidos para ser jinetes, es decir: para ser”.

     Si lo contrario del amor es la indiferencia, Amélie no solo sortea magistralmente los márgenes del sabotaje y la encalladura sino que, como ferviente amazona del lenguaje, lleva su corcel a destino. Su carta de amor es la que les invito a leer…