EL «POR QUÉ» DE LA VIOLENCIA
por Diana D. Palma

Desempolvamos trabajos realizados por colegas que ameritan un retorno. En esta ocasión uno realizado por Diana Palma presentado en las III Jornadas Regionales del Nuevo Cuyo IOM 2 llevadas a cabo en Mendoza.

 

El título se apoya en el título del artículo de Freud de 1932-1933, “El por qué de la guerra”. Freud le responde varios interrogantes a Einstein abordando los conceptos de “derecho y poder”.

Indicará que el derecho surgió de la fuerza y ubicará este fenómeno en los “orígenes arcaicos de la humanidad”.

 

Dirá que en un principio, en la pequeña “horda humana”, la fuerza bruta era lo que decidía, con el tiempo, esa fuerza “muscular” se iba sustituyendo por el uso de herramientas o armas cuya superioridad estaba dada por el que hacía mejor uso de ellas lo que indicaba superioridad intelectual, el objetivo final era el mismo: una de las partes era obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición, la que sería definitivamente eliminada si al enemigo se lo mataba.

 

Explicaba Freud que la forma de ir en contra de la “fuerza” de un individuo superior, es que el grupo de más débiles se una y que la violencia sea vencida por la unión, es allí donde él ve surgir el “derecho”, siendo éste el representante de el poderío de una comunidad. La fuerza, ahora de la comunidad, seguiría dispuesta a ir en contra de cualquiera que se oponga, recurriría a los mismos medios y perseguiría los mismos fines, por lo que observa allí una condición psicológica: “la superación de la violencia se hace, por la cesión del poderío a una unidad más amplia y esto se logra a través del vínculo afectivo entre sus miembros”.

 

Recalcará una característica y es que toda comunidad está conformada por elementos de poderío desigual, en esa desigualdad las leyes, se harán para los dominantes y concederán escasos derechos a los subyugados, configurando una dupla de amos y esclavos. Los amos tratarán de eludir las restricciones de vigencia general, abandonarán el dominio de derecho y esto llevará nuevamente a la violencia por lo que concluye que hasta en una misma colectividad no se puede evitar la solución violenta de los conflictos de intereses. La colectividad humana, se mantendría unida por dos factores: el imperio de la violencia y los lazos afectivos.

 

En su teoría de los dos tipos de pulsiones, la pulsión de vida tendería a conservar y unir y la pulsión de muerte, tendería a destruir y matar, éstas intervendrían en la causa, por lo que cuando a los hombres se los incita a la guerra, una de las motivaciones sería que en ese acto se jugaría allí algo de su propia tendencia a la agresión y a la destrucción, “el ser viviente protege de cierta manera su propia vida destruyendo a la ajena”.

Un parte de esa pulsión de muerte queda activa en el interior del ser que es de donde, explica, derivaría la conciencia moral.

El proceso de “identificación al líder” es cuando se borra lo diverso, aparece lo uniforme y se produce una inhibición colectiva de la función intelectual, lo que hace surgir un sentimiento de potencia infinita en la multitud que se vuelve influenciable y crédula y se convierte en proclive a todo tipo de sugestión que puede arrastrarla a las mayores atrocidades.

 

Silvia Ons, en su libro “Violencias”, comenta que ésta ha existido siempre y hace mención a Hobbes cuando dice que los hombres, en su estado natural poseen el deseo y la voluntad de causar daño por lo que la única posibilidad de que exista una sociedad, es por medio de un pacto: la cesión de derechos de cada uno delegados en un poder de mando a una autoridad por encima de ellos con la cual se sientan identificados. La exacerbación de los derechos de cada uno conlleva el no-respeto por el otro y la delegación de mando de los sujetos es a condición de sentirse medianamente reconocidos por ese gobierno que los representa, caso contrario aumenta la violencia.

 

En “Totem y Tabú” se menciona un crimen en el origen de la humanidad, y la religión totémica “surge debido a la conciencia de culpabilidad de los hijos por haber matado al padre y como una tentativa de apaciguar este sentimiento y reconciliarse con el padre mediante la obediencia retrospectiva”.

 

En “El problema económico del masoquismo”, Freud explica cómo el odio es primario en relación al amor, todo lo que le es extraño y hostil es expulsado y odiado y allí habitaría la causa de la violencia y de la segregación. El odio que se manifiesta en el ser humano es estructural, el ser hablante posee una dificultad desde su constitución subjetiva de no soportar la diferencia, esto implica al mundo exterior y también a los otros semejantes.

 

Lacan, se inspira en Hegel para su teoría de la violencia, con el deseo es el deseo del otro, otro con minúscula y, con los fenómenos del transitivismo infantil supeditados a la especularidad narcisista se muestra la rivalidad imaginaria. En el estadío del espejo el niño se alimenta de la imagen del otro para unificarse y al mismo tiempo expulsa hacia ese otro sus propios trozos atomizados y desmembrados. Lacan ubicará allí el origen de la agresividad directamente vinculada al narcisismo. Mientras el sujeto más se encuentre en una posición narcisista, fundada en la identificación al otro, más necesitará expulsar esa atomización y más agresividad habrá.

Para él, el mismo deseo conduce a la agresividad más radical ya que es el otro quien soporta el deseo del sujeto y su objeto, es decir que no queda otra salida que la destrucción del otro.

Introduce la instancia de la función paterna como instancia pacificadora. Para Freud ésta está conformada por valores sociales, familiares y narcisistas, recordemos que para Freud y para Lacan, el padre no es el mismo, Lacan planteará que es el discurso amo el que determina la castración, no el padre, siendo éste solo el agente de ese discurso como portavoz del S1 en su calidad de significante rector o significante amo. Lacan señalaba que Hegel ya vaticinaba una época de la “ley de hierro” de nuestros tiempos, y presagiaba la declinación de la Imago paterna para refrenar la agresividad. El juez, el maestro o aquellos que Freud llamó los subrogados del padre, figuras que encarnaban la autoridad del amo, declinan, lo que conlleva el aumento de los crímenes a nivel social pues el orden paterno es sustituido por otro orden, el orden de hierro (Lacan en el Sem XXI) . Al ser degradado el padre, el deseo de la madre se adelanta, expulsa el Nombre, -el no- del Padre, decide el «soberano bien» del hijo. Nace un «nuevo orden de hierro», (materno), que nombra para un bien cualquiera, y oculta «que no tenemos la menor idea de qué nos trazaría la vía del bien». Lo social pasa a encarnar la ley de hierro, que viene de cualquier parte.

 

Actualmente con la disgregación y dispersión de la familia el padre deja de existir en el discurso del sujeto y en la realidad. Se plantean dos clases de fenómenos, dice Irene Greiser, sujetos descreídos del padre y padres que han dimitido de su función. Padres encarnados que dimiten de la transmisión no del saber como absoluto, sino como saber particularizado lo que produce efectos estragantes.

 

Se produce un déficit de dos cuestiones fundamentales: 1) Déficit en la función “no” y 2) Déficit en la creencia en el inconsciente. Por lo que uno de los desafíos del psicoanálisis en su práctica es reinstalar no al padre, sino al significante amo del cual Lacan dijo que no se podía prescindir, como sí se podría prescindir del padre, pues el significante amo representa al sujeto.

 

La cultura a través de sus instituciones, en una labor sin tregua, con una fuerza constante, al compás de la pulsión, empuja a ligar la pulsión de vida a aquella pulsión de muerte que planteaba Freud como estructural, ¿cómo?, valiéndose del temor infantil del sujeto, a perder el amor del Otro del cual depende para constituir su psiquismo, su cuerpo. Dependencia real al Otro real. Por ello, cuando en lo real no hay nada que perder, la pulsión de muerte puede seguir su cause sin límite, inclusive producir el aniquilamiento del Otro.

 

El avance del discurso de la ciencia con toda su producción de gadgets, trajo aparejado la ruptura del lazo social, los sujetos se identifican a historias familiares llenas de agujeros, hechas más de rupturas que de continuidades, pérdida de trabajo, desocupación, polarización de la riqueza. Empuje al goce absoluto. El tipo de violencia que se genera en las sociedades actuales no tiene precedencia. En esta crisis familiar el grupo toma el relevo del padre, las marcas, los tatuajes, son algunos de los intentos de los jóvenes de procurarse un rasgo identificatorio propio. Los jóvenes constituyen “tribus urbanas” y en algunas de ellas son ganados por la violencia. Estas identificaciones a las que acude el sujeto, muestran su fragilidad para poder acotar la pulsión de muerte.

La violencia es constitutiva y estructural en el hombre, por eso las dificultades que posee toda comunidad en su seno para poder erradicar la violencia que en ella anida en la desigualdad de los elementos que la componen y las ansias de poder de sus miembros.

 

El encuentro con un analista es el encuentro con la palabra, es el encuentro con lo simbólico. Es la posibilidad de dejar de lado el concepto de normalidad y apuntar al síntoma de cada uno, de saber de qué goza cada sujeto. Se trata de abordar lo pulsional por medio de lo simbólico y con ello crear un lazo nuevo que desde todos lados en la actualidad está amenazado.
No se trataría solo de aliviar el malestar, sino de implicar al sujeto en su síntoma, debido a que la eficacia del psicoanálisis no se centra en la eliminación. Al analista ya no se lo demanda solo de los consultorios sino que se pide su intervención en dispositivos jurídicos, centros de asistencia, cárceles, abordajes comunitarios, instituciones educativas, entre otros.

 

“El analista en el sillón del consultorio fue oportuno para la época de Freud, pero hoy, para servirse del analista, se hace necesario salir del sillón del consultorio y dirigirnos allí donde estallan los lazos en una época cada vez más violenta” . La violencia contemporánea no suele conformarse con “la bolsa o la vida”.

 

Bibliografía:
Biaggio, Mónica, “El origen de la violencia”. Editorial Dunken; Buenos Aires, 2011.
Freud; Sigmund; “Por qué la guerra”; Tomo XXIII; Obras Completas; Biblioteca Nueva, Editorial Losada; España, 1997.
Freud, Sigmund; “El Problema económico del masoquismo”; Tomo XIX; Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires; 1987.
Greiser, Irene; “Delito y Trasgresión”; Grama ediciones, Buenos Aires, 2009.
Lacan, Jacques; El Seminario 21; “Los No Incautos Yerran» ; Inédito.
Ons, Silvia; “Violencia/s”; Editorial Paidos; Buenos Aires, 2009.
Ons, Silvia; “Violencias”; pág: 34.
Freud, Sigmund; “El problema económico del masoquismo”, Tomo: XIX.
Greiser, Irene; “El declive de la autoridad paterna y su incidencia en los síntomas actuales”; pag: 32.
Greiser, idem anterior; pag: 34.
Greiser, Irene, op. Cit. pág: 48.

 

 

 

 

DIANA D. PALMA

Psicoanalista. Miembro y Directora de ACEP Egresada del ICdeBAy de la Especialidad en Clínica con OrientaciÓn Psicoanalítica de la UBA, actualmente cursando la Maestría en Psicoanálisis de la UNSaNI.