ph: Romi Abel (@romiabelph)

El acero y lo sutil o dónde está la fortaleza de Superman
por Analía Alonso

FUNDAMENTALISMO: etimológicamente, la palabra deriva de “fundamental”, que refiere a lo que sirve de fundamento o es básico para algo, y se compone con “–ismo”, que indica doctrina. El fundamentalismo implica restaurar la pureza de un sentido fundamental, volviéndolo Ley.

Así comienza Alan Pauls la novela Historia del llanto: “A una edad en que los niños se desesperan por hablar, él puede pasarse horas escuchando. Tiene cuatro años, o eso le han dicho. Ante el estupor de sus abuelos y su madre, reunidos en el living de Ortega y Gasset, el departamento del que su padre, por lo que él recuerde sin ninguna explicación, desaparece unos ocho meses atrás llevándose su olor a tabaco, su reloj de bolsillo y su colección de camisas con monograma de la camisería Castrillón, y al que ahora vuelve casi todos los sábados por la mañana, sin duda no con la puntualidad que desearía su madre, para apretar el botón del portero eléctrico y pedir, no importa quién lo atienda, (…) ¡que baje de una vez!, él cruza la sala a toda carrera, vestido con el patético traje de Superman que acaban de regalarle, y con los brazos extendidos hacia adelante, en una burda simulación de vuelo, (…) atraviesa y hace pedazos el vidrio de la puerta-ventana que da al balcón. Un segundo después vuelve en sí como de un desmayo. Se descubre de pie entre macetas, apenas un poco acalorado y temblando. Se mira las manos y ve como dibujados dos o tres hilitos de sangre que le recorren las palmas”. (1)

Supongamos que la puerta ventana representa los fundamentalismos. ¿Será una alternativa contra ellos, tomar carrera para atravesarlos y hacer pedazos el vidrio con el propio cuerpo? ¿Vestirse con el traje de Superman, podría servir como antídoto, para no sucumbir en el intento?

Participando de una actividad de ESI(*) con niñ@s de 5to grado de una escuela pública, después de que las maestras dieran una pequeña clase sobre “estereotipos de género”, invitando a l@s niñ@s a cuestionar los mismos, se les propuso una actividad grupal. Cada grupo tenía un afiche en el que había un diagrama –tipo cuadro- con tres columnas: una decía “mujeres”, otra “hombres” y una tercera, en el medio, representaba la intersección de ambas categorías. Se les dieron tarjetas que tenían escritos oficios o cualidades. Se podían leer tareas como “dirigir una empresa”, “cuidar niñ@s” o “manejar un camión”, y sustantivos para referir atributos, como “respeto”, “agresión” o “solidaridad”. Ell@s debían colocar las tarjetas en la columna correspondiente. L@s niños agarraban las tarjetas, conversaban, y decidían conjuntamente. Rápidamente fueron colocándolas, una a una, en el casillero del medio. Habían entendido lo transmitido en la charla previa, cualquier oficio y cualidad podía pertenecer tanto a hombres como a mujeres. Lo charlaban mínimamente y, sin problemas, acordaban en la ubicación. En el grupo en el que me tocó estar, hubo una sola tarjeta que los descolocó, era la que decía “delicadeza”. No se animaban a acceder a esa transgresión a la consigna, que tan rápidamente habían entendido, pero, la delicadeza, les resultaba algo “de las mujeres”. Fue la única tarjeta que quedó de ese lado, produciendo que “no-todo” sea de la columna de la intersección. A mí la escena me hizo pensar, claro, ¿qué estaban diciendo l@s niñ@s, con ese gesto? ¿La delicadeza dice sobre lo femenino?  En psicoanálisis hablamos de Lo femenino, sin atrevernos a decir categóricamente sobre ello. No por casualidad, lo femenino es innombrable, se desliza –al decir de Lacan- de todo intento de atraparlo, encasillarlo, de hincarle el diente. También sabemos que no tiene que ver con los géneros: lo femenino atraviesa y excede a hombres y mujeres. Lo fálico también. Sin embargo, no son equiparables, “lo fálico” es más fácil de localizar, incluso “pescar” a alguien ahí. Pescarnos en esa lógica, a la hora de organizar los afectos en el lenguaje, para transmitirlos. A la hora de llevar el cuerpo, vestirlo, disfrazarlo, encapucharlo. Incluso desnudarlo. A la hora de establecer las formas de la demanda y lo posible de decir del deseo, el falo nos presta auxilio, tiene brillo, se hace ver y oír. En cambio, lo tocante a lo femenino permanece mudo, “el continente negro”, “el gozoausencia” (2), no tiene forma de decirse.  Se traduce en la fina sutileza de los silencios sin intención.

Quizás sí, “delicadeza” es un modo posible de decir sobre “eso” que no tiene nombre.

Lacan, en el seminario XVIII refiere a la existencia –en toda organización social- de un orden fundado en un artificio, para hacer existir la distribución del goce. Sin embargo, dice, por muy alto que un sujeto esté ubicado en esa distribución, siempre hay un irreductible de goce –que no entra en el esquema distributivo-, “la parte mínima no sublimada” (3). El cuadro que propone la actividad de la ESI, ordena una distribución de goce, propone una original (no binaria), la propuesta responde a un nuevo formato, quizás, donde todo goce sea para tod@s. El término delicadeza permite escandir la universalidad de la nueva consigna. Fuerza a l@s niñ@s, entre el asombro y la picardía, a ahuecar el posible espejismo de la nueva teorización –no biológica, sí pedagógica- de la relación sexual.

Quizás sí, “delicadeza” funciona como antídoto contra los fundamentalismos.

 

Así concluye esos primeros párrafos, Alan Pauls, de la novela referida:

No es la constitución de acero del superhéroe que emula lo que lo ha salvado, como se podría creer a primera vista y como se encargarán luego de repetir los relatos que mantendrán viva esa hazaña, la más vistosa, sino la única de una infancia que por lo demás, prefiere irse en actividades solitarias, lectura, dibujo, indicios de eso que normalmente se llama mundo interior y define al parecer a criaturas más bien raras (…). Lo que lo ha salvado, es su propia sensibilidad, piensa, aunque mantiene la explicación en secreto, como si temiera que revelarla (…) pudiera neutralizar el efecto mágico que pretende explicar” (4).

 

 

(1) Pauls, Alan. Historia del llanto. Ed. ANAGRAMA

(*) ESI: Educación Sexual Integral.

(2) Lacan, Jacques. El Seminario. Libro XIX. …O peor. PAIDOS.

(3) Lacan, Jaques. El Seminario. Libro XVIII. De un discurso que no fuera del semblante. PAIDOS.

Diccionario de etimología.

(4) Paul, Alan. Historia del llanto. Ed ANAGRAMA.

 

Analía Alonso
Lic. en Psicología (UNLP)
Practicante del psicoanálisis.
Integrante del Equipo Interdisciplinario de los juzgados de familia de Nqn.
Lectora de literatura (todo lo que puedo).
A veces, se me da por escribir.