Detalles que despiertan
por Laura Valcarce

En este breve escrito, en torno al sueño y las presentaciones de enfermos quisiera subrayar la perspectiva de lo que las presentaciones nos enseñan acerca del no comprender y la posición del analista.

En la clase del 18 de marzo de 1970, Lacan recuerda a un paciente que había entrevistado la semana anterior, cuyo encefalograma estaba siempre en el límite entre el sueño y la vigilia, oscilando de tal manera que no se sabía cuándo pasaría del uno a la otra. Lacan toma esa referencia para subrayar que “el analista debería apartarse un poquito del plano del sueño”[1].

Tomar distancia del sueño de la comprensión es una vía que orienta a Lacan en su retorno a Freud. Varias referencias desde el inicio de su enseñanza hasta los finales de la misma versan sobre esta perspectiva.

En 1953, en una conferencia dictada meses antes de su Discurso de Roma, destaca que no hay correspondencia biunívoca entre significante y significado[2]. Dos años después dictando su Seminario 3, enfatiza que “todo verdadero significante es, en tanto tal, un significante que no significa nada”[3]. Esta posición inicial resuena en los años 70, cuando en la Apertura de la Sección Clínica recuerda que el número de palabras que existen en el diccionario “no alcanzan a dar cuenta del uso de la lengua”[4].

Se trata de los usos singulares de los que se sirve cada parlêtre y los cuales pueden ser localizados desde una lectura que deje por fuera la comprensión.

En la presentación realizada el 13 de febrero de 1976, el señor Primeau[5] se sirve en varias oportunidades del significante “sueño” para hacer referencia a distintos fenómenos. Cuando Primeau afirma que “se vio mujer en sueños”, Lacan no comprende y le pregunta –directamente- qué entiende por “sueño”, diferenciándose así el sueño de noche y el sueño despierto, permanente.

Tomaré solo dos de las referencias al sueño que hace el señor P: el sueño en el castillo medieval y el sueño de levitación.

A sus 8 o 9 años tuvo “un sueño que era una especie de doble reencarnación”. Un sueño nocturno en el que se encontraba en la Edad Media, en un castillo en ruinas. A su vez, en el sueño soñaba y tenía la impresión de que ya había vivido en la Edad Media y había visto ese castillo con anterioridad, en otra vida, antes de ese periodo.

El sueño dentro del sueño localiza la certeza de la existencia de una vida anterior y de la reencarnación, tomando el valor de un signo que le concierne. La impresión experimentada le aporta una certeza: Ya ha estado en ese castillo medieval y lo reconoce aún en ruinas. Certeza radical que adquiere para él todo su peso, escindida de la noción de realidad, en tanto a la edad en que se presenta el sueño refriere que no había leído ningún libro de metempsicosis. Diez años después cree ser la reencarnación de Nietzsche, y dos años más tarde, a los 20, tuvo la impresión de que era la reencarnación de Artaud. En la presentación, a sus 26 años, revela que ya no cree en la reencarnación de Artaud, pero sí sigue creyendo en la reencarnación “porque tuvo un sueño a los 8 o 9 años”. El sueño aporta una pieza inconmovible preservando su fijeza.

En la presentación, inmediatamente después del relato del sueño en el castillo medieval cuenta que tuvo un sueño de levitación. Se trata aquí de un goce que lo invade: se estaba masturbando y tuvo un “despliegue de goce extremo”, “la sensación de elevarse en el aire”. El fenómeno de levitación y el sueño dan cuenta de un goce deslocalizado, un real que lo inunda en esa experiencia desbordante.

Por un lado, el sueño localiza y da la pista de un signo de certeza, y por otro lado aporta la experiencia enigmática de la cual Primeau testimonia.

El no comprender permite alojar a la singularidad. Conviene a la posición del analista dejarse enseñar, y las presentaciones nos enseñan que despertar del sueño de la comprensión para hacer lugar a la contingencia es una vía que preserva la singularidad y lo vivo del psicoanálisis.

 

[1] Lacan, J. (1969-70). El seminario. Libro 17: El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. 1995, p.136

[2] Lacan, J. (1953) “Lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real”, Inédito

[3] Lacan, J. (1955-56). El seminario. Libro 3: Las Psicosis. Buenos Aires: Paidós. 1995, p. 264

[4] Lacan, J. (1977) “Apertura de la Sección Clínica”. En: Ornicar?, 3. Barcelona: Petrel, 1981. p.43

[5] Lacan, J. (1976) “Una psicosis lacaniana”. En: El Analiticón N°1. Barcelona, Correo/Paradiso, 1986.

 

 

 

LAURA VALCARCE

Miembro de la Eol y de la AMP. Magister en Psicoanálisis. Docente en el ICdeBA, IOM2 y Facultad de Psicología de la UBA.
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