desamparo

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La irrupción de un real conmueve la construcción simbólico-imaginaria que es la realidad. Algo del desamparo radical originario, que creímos que había quedado enterrado en el pasado, reaparece sin previo aviso. 

Podemos situar los efectos de esta alteración en las transformaciones radicales que ha implicado la expansión de un virus que pone en riesgo la vida misma. Ya no podemos reunirnos como antes con familiares y amistades; no podemos recorrer la ciudad, mucho menos viajar; no podemos continuar el trabajo con los analizantes en las consultas; tampoco es posible el encuentro en cuerpo presente con los colegas en el trabajo de Escuela… y así, podemos continuar con una lista extensa de lo que no podemos.

Por suerte, el encuentro con un real también posibilita una apertura a lo inédito: la experiencia de dar continuidad a los análisis de modo telefónico o por otros medios virtuales; la búsqueda de nuevas formas de sostener las actividades de Escuela; adecuar las clases a una versión on-line, en caso de ejercer la docencia… En definitiva, un esfuerzo que implica construir y hacer uso de arreglos inéditos para sostener el lazo y mantener la vida, incluida la del psicoanálisis. No deja de causarme gracia el haber asistido, por primera vez, a un cumpleaños por videollamada. ¡Incluso cantamos “cumpleaños feliz”!