CONVERSANDO CON LA PAULA NEDER
por Lucas Simó

¿Cuál es el momento del día que más disfrutas?

Que buena pregunta, hay un par de momentos iluminados para mí, el momento del despertar me encanta. El momento de acostarme me encanta y el momento del atardecer me gusta también. El atardecer es uno de mis preferidos, cerca del lugar de donde doy clases, que es cerca de donde viví toda mi adolescencia, hay una plaza, hay un par de árboles que son nidos de cientos de pájaros, entonces el atardecer en la plaza es una cosa que me fascina, los pájaros empiezan a despedirse del sol notablemente, siento que hay una relación ahí, una despedida del sol cantando.

Es un barrio dentro de un barrio.

Claro, es un refugio de pájaros que está en la cuarta oeste, Plaza Irigoyen, cerca del bar del Coco a las siete de la tarde.

¿Ha sido siempre uno de los momentos favoritos el del atardecer?

La idea del despertar y del dormir también, son momentos en donde menos pienso. Pero momentos en los que pienso.

Uno puede pensar esta aparente disimetría entre el despertar y el dormir, que a su vez es una metáfora válida para pensar la creación, ¿hay momentos en donde despertas y otros en los que te dormís?

Siento que hay un flujo constante, como una especie de retroalimentación, como la cinta de moebius, como un sinfín, me despierto para dormirme, me duermo para despertarme. En la creación lo vivo así, me callo para decir, digo para luego callarme, abro la boca para después cerrarla. Esta sensación de imágenes que se contraponen y que se alimentan.

Esto de callar y hablar, como un reverso. ¿Vos recordas cuales fueron las primeras palabras que pronunciaste? Si tuvieras que inventarlas ¿Cuáles serían?

No, la verdad que no. (Risas) Me da risa porque mi tía y mi vieja siempre cuentan que me llevaban a los cafés cuando era chiquita y yo pedía cafés para ellas y papas fritas para mí, una cosa así. Les divertía que yo pidiera, ahora que estamos en un café y tomando café me recuerda a eso.

Parece que desde temprana edad eras ya una mujer decidida, sabias lo que querías y además lo que los demás querían.

Claro, además, lo gracioso o el chiste era como lo decía “un cape, con pacapitas”.

Que interesante porque incluso antes de la palabra terminada, había una sonoridad que articulaba un sentido pero con una lengua muy propia.

Justamente, en un proyecto al cual me invitó la Gaby Nafissi, tenía que ver con esto, se llamó “Tarabust. Áfono y sonoro”. Y era como súper interesante, esta relación entre lo áfono y lo sonoro, y siento que la música está atravesada por eso de manera decidida y bastante traslúcida, se deja atravesar por eso, está hecha de sonido y de silencio y se deja ver.

 

 

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Ahora que nombras a la música, ¿Cómo llega a tu vida?

Estuvo siempre presente. Mi vieja tocaba el piano, durante los meses de embarazo hubo mucho piano. Yo nací en Zapala, Neuquén y solo viví ahí unos meses, nos fuimos a Buenos Aires y luego a Mendoza, todo en el transcurso de dos años. Soy, me siento mendocina. En todo ese recorrido estuvo el piano, viajó con nosotros. Y es el piano que tengo en el lugar en el que doy clases. El piano es la referencia de la música desde chica, era el instrumento que estaba a disposición, el instrumento con el cual jugaba, es donde estaba el grabador, son imágenes que tengo desde muy chiquita, el grabador arriba del piano y yo trepándome a la banqueta negra, después en la tapa poniendo el casete, sentada arriba del piano escuchando y de más grande ya sacando melodías, me parece que mi vieja y el piano son las relaciones que tengo desde el inicio con la música.

Inmediatamente se arma una escena surrealista, donde uno pueda imaginar una madre pariendo pero hay ahí un piano que se abre.

Tal cual, es un instrumento que me conmueve pero que a su vez no lo uso para componer aun, todavía.

Sos más afín a la guitarra ¿no?

Sí, pero las canciones surgen a capela, hay mucho de eso y de balbucear, hay un juego y después aparece la palabra. También soltar palabras, ideas, soltar, soltar, suelo grabar las cosas que aparecen.

¿Sos más de grabarte que usar papeles?

Si. Incluso la guitarra aparece luego. Muchas veces me encuentra con la guitarra la cosa, otras veces no. Pero la voz es el instrumento.

¿Qué seria eso de la voz como instrumento?

Hace tiempo que vengo preguntándome eso, pienso que el instrumento y la voz es el resultado. Me pasa en las clases de canto, donde en el espacio de taller que abro, de algún modo intercambio ideas, conceptos, técnicas, canciones con gente que trae sus propuestas y nos permitimos ir y venir y mirar desde distintos lugares la voz, lo que quiere decir, siente la otra persona. Entonces durante algunos años creí que la voz era el instrumento, pero hace un tiempo empezó a aparecer la idea que de que para mí, la voz es el resultado de, así como el sonido que surge de la guitarra es el resultado de la vibración de una cuerda y lo que sucede dentro de una caja que luego proyecta un sonido, la voz para mi es el resultado que sucede en el cuerpo instrumento.

Vos venís diciendo de cómo vas juntando palabras que después se condensan en cierto sentido y algunas se transforman en canciones y otras no, quizás siguen gestándose. ¿De qué están hechas tus canciones?

Diría que son la mezcla de un montón de cosas, hay paisaje, me divierte bastante hablar con la gente, preguntar, soy bastante preguntona, entonces en la interacción con la gente aparecen muchas ideas, conceptos, como fotografías, ideas que se me quedan y luego se transforman en canciones. Hay eso, también con el tiempo he ido permitiéndome que se vean partes diferentes, como dejando que el vidrio se ponga más o menos opaco. Esa sensación entonces siento que con el paso de los años y con crecer, entonces la canción que sale son cosas que en algún punto necesito decir, necesito recordar, necesito olvidar, sintetizar, necesito sacarlas para entender, es un hecho inicialmente egoísta porque no siento que canto en nombre de nadie, no siento esa potestad, canto en mi nombre y luego lo que pasa, corre por cuenta del que escucha. Entonces si una, diez, miles resuenan con eso, genial.

Decís que en algún punto tiene la función de exorcizar, se sacar algo que está ahí. Como fantasmas del pasado disfrazados de recuerdos, algo que nos habita más allá de nosotros. Darle a eso una entidad y una identidad, compartido con otros en forma de canción y eso implica compartir los fantasmas con los otros. ¿Que produce en vos ese pasaje?

Ciertas palabras me producen un ruido, exorcizar, fantasmas y ruidos. No encuentro esa experiencia porque no siento en el proceso eso de que algo tiene que ser extirpado, sacado de, en el nombre de algún bien. Siento un disfrute muy poderoso y me divierte un montón el espacio de incomodidad que genera la canción y en el cual se gesta. El momento en que la canción empieza a tomar forma y en el momento en que sale. Y momentos en que no quiero que eso se vaya pronto. Es un momento en donde un montón de cosas se unen, de repente y no se bien como pasan, pero se unen.

¿Más allá de vos? ¿O vos haces que pase?

Pasa en mí, fuera de mí y por mí. Es mágico pero necesita de mí, en algún punto para suceder. Me pasa un montón que estoy adentro y fuera, estoy inmersa y me salgo para prender el celular, irme a la guitarra, grabar un audio para recordar, escribo en una nota, me voy al piano, se me adentro y hay un llamado para registrarlo de algún modo.

Pensaba en el ruido que no es necesariamente música. Y en esto que te habita, pero que no es necesario exorcizar, pensaba en esa alusión a la manera en la que Dostoievski escribía sus novelas, casi de golpe, como despellejándose a fuerza de escritura.

Esta cosa de la artista atormentada, no sé si me cierra del todo, no digo que sí o que no, me he encontrado ahí, pero no es el espacio que suelo habitar.

Se deshace a partir de esto un poco el mito de que toda creación o invención nace de esa estofa.

Exacto. Si hay movimiento y esta sensación que me divierte pensarla como incomodidad, pero no es algo tortuoso. Es una sensación de estar presente, no sé exactamente que va a pasar entonces simplemente me quedo. Es una comodidad entre comillas, es una sensación de estado de alerta. Eso me pasa, eso siento. Sensación real, de estar aquí y ahora y que en el momento de cantar me pasa también. Siento que es el momento donde más presente estoy y la palabra es la que me lleva a estar presente cuando canto.

¿Podrías contarme algo más sobre esa relación de la palabra y tu manera de estar presente?

Estoy en las palabras que canto, que digo, te das cuenta. Si me voy y quiero volver, me subo a las palabras y listo. Es como una locomotora, ese tren puede ser de la intención, el deseo, usando de locomotora la palabra.

Pensaba en este punto de confluencia con nuestra práctica que tiene que ver con atrapar palabras, ese decir del otro. Y vos justamente te vales de eso, te gusta escuchar, retener lo dicho del otro, vas atrapando ciertas palabras y como las palabras te hacen transcurrir en un tiempo presente.

Soy ciruja, ahí como un estado de…me encantan las palabras, me la paso recolectando, palabras, imágenes, las palabras que despiertan las imágenes. Lo de ciruja puede ser algo, voy un poco así, escarbando, si hay una palabra que a nivel sonoro me atrae, busco de donde viene, que evoca. Y por otro lado, me parece fascinante el habla como un espacio de improvisación constante. A partir de esta biblioteca personal, de diccionario personal, banco de imágenes personal, como algo a lo que recurrir de modo instantáneo, que palabras elijo, cuales son las palabras que me toman, entonces al cantar me pasa eso y lo vivo como un estado de improvisación aunque la letra ya este escrita. Cada vez es esa vez y no importa ni antes ni después.

Vos que tenes esa posibilidad de hacer con la palabra otra cosa, por ejemplo de nombrar un árbol pero cantándolo ¿cambia la palabra?

Claro. Es una pero es cada vez…

Y con esas canciones que seguramente cantas una y otra vez, ¿cómo haces para no transformarlas en un padre nuestro?

Si siento que se transforma en eso, dejo de cantar, no me doy ese permitido. Si no tiene sentido para mí no lo hago, no importa el sentido, no hago un juicio de valor, si hay un punto donde tiene sentido la canto, si no hay punto donde me pueda conectar con eso no lo hago.

¿Te ha sucedido con alguna canción que una época supo nombrarte y en otra se te hizo esquiva?

Sí, hay canciones que van quedando en el camino, como las personas, como los lugares. Hay algunas que en mi caso quedan registradas en algún disco, otras en un borrador solamente. Es muy diferente el espacio de creación de la canción, de la canción y el espacio donde abro a que otra persona la escuche. Son estancos muy diferentes, hay un espacio que sirve para crear, para seguir aceitando el mecanismo de componer, de unir, de transitar géneros musicales, sonoridades, y hay otros espacios muy diferentes que tiene que ver con lo que hago que es cantar y lo vivo como espacios muy separados.

Más allá de escribir, de componer y crear a nombre propio, ¿sos consciente de los efectos que eso tiene en los otros?

Me sorprende siempre lo que pasa, son tan diversas y tan personales las reacciones. Es muy loco como la canción toma una identidad, a mí me gustaría que trascienda incluso a mi voz. La canción es sola, puede trascender sin mí. Pasa entonces que otra gente canta mis canciones y me encanta cuando pasa eso, me llegan devoluciones de esta índole, es muy gratificante para mi saber cómo tus canciones y esas palabras son en otra persona y a partir de otra persona sentir como se amplifican.

Me resulta encantador esto de ser ciruja de la vida, de apropiarte de trazos, de pedazos de conversaciones, que luego traducís en una composición, pero que a su vez como eso sigue su propio camino, jugas un rato con la palabra y la soltás…

Juego hasta que me divierto. Si no me divierte no juego. Me conecto desde las canciones desde el latido, desde la pulsión.

En esta imagen, en la que vos trepabas el piano para llegar al grabador, está incompleta si falta justamente la música. ¿Qué canciones salían de ahí mientras vos crecías?

Había mucho María Elena Walsh. Y ella de algún modo ha sido de algún modo un lugar al que siempre vuelvo. No recordaba que había ahí, pero ahí empieza un poco el amor por lo que ella hizo. Había también unos audiolibros que me encantaban, esos los escuchaba un montón.

¿Cuáles eran?

Recuerdo que había un personaje que se adentraba en un bosque de noche y que atravesaba una travesía de miedo y de aventura y que cuando volvía al bosque al día siguiente veía lo que en verdad sucedía, entonces ese que era una cabeza de monstruo era un pedazo de tronco. Y de eso me acuerdo en imagen, de estar en el piano y estar sentada con ese libro y la vos de esta mujer relatando esa historia.

Me parece fascinante lo que acabas de contar porque ese personaje recrea esta cuestión donde la travesía más allá del temor sigue siendo una aventura. Y después poder ver donde hay un tronco un monstruo es también poesía.

(Risas) tal cual, es así.

Yo valido mucho eso en ustedes los artistas, como transforman una cosa en otra. Y de algún modo como se vive en una sensibilidad donde opera una constancia de transformación permanente que difiere en absoluto con la cotidiana de otros donde al mirar una taza de café solo pueden ver eso y nada más que eso. Y el cuento es eso, que se fue instalando en tu vida y pareciera que llegó para quedarse.

Así es, pero no lo doy por sentado tampoco.

¿Pensas que habría otro modo de concebir la vida por fuera de esto?

Ahora no y hace muchos años que no. Siento que me gustaría hacer haciendo canciones. Pero no desde el lugar de la cómoda, de decir voy a estar siempre eso, no tengo idea pero me encantaría, pero ojala. Siento que la vida es una incertidumbre, impermanencia. Una de mis canciones se llama La fuerza y parte de un poema de una poeta y compositora de Paraná, Melisa Dubini, con quien hemos cocreado varias canciones. Ella en una oportunidad me manda un mail que dice “puedo habitar mi calabozo o renacer libre y viajera, puedo danzar con mis demonios o destruirlos en la hoguera, soy la fuerza, no me temo, amaré la impermanencia”, leí eso y se me explotó todo. Puedo recordar todo lo que pasaba al recibir, donde estaba, que estaba haciendo. Y le pregunte qué era lo de impermanencia, ella tampoco sabía bien de donde le había venido, luego, indagando un poco aparece esta imagen de la impermanencia en la práctica budista, de lo cual tampoco se tanto. Pero se transformó en una premisa en mí, como esto de…acordate, impermanencia… (Risas) en esto no hay nada, hay todo… (Risas).

Pero eso no hace que caigas en un punto ni de desasosiego ni de nihilismo tampoco. Incluso el ser humano se compelido a permanecer en todo, como expresiones propias de la vida, como fin último en la vida. Quiere perpetuarse, quedarse ahí aunque es en sí mismo paradójico.

Impermanencia para mi es el punto de ebullición constante. Si me olvido, miro afuera, miro el árbol, la hoja, la impermanencia. Este día bailan con este viento, con este sol, con esta luna. Son ciclos. Incluso en la quietud, en la ausencia de movimiento hay impermanencia.

¿Cuál ha sido tu primera creación?

Se llamaba Paisajes. Me acuerdo el día que vino (risas). Estaba estudiando matemáticas, tenía una guitarra de una tía que había quedado en un placard, de esos instrumentos que quedan guardados. Y teníamos guitarra en la escuela entonces yo la había rescatado de ese placard y la tocaba con los acordes que había aprendido de manera muy rustica. Tocaba con los libritos, que antigua me siento, eran de acordes. No estaba muy divertida con lo que estaba estudiando y empezó esto del devenir de los acordes, una organización, y vinieron las palabras y me di cuenta de que había algo ahí. En ese momento no salía una voz, o era una voz temerosa, chiquita, dudosa. Pero salían canciones, entonces se fueron juntando canciones que le cantaba a mi abuela, pobre mi abuela. También a una amiga a la que le hacia todo el show en la pieza. Esa canción surge entre amor desamor. Este chico no vivía en Mendoza, y me fui a cantarle la canción a Mar del Plata.

Ahora me vas a tener que contar la historia completa.

(Risas) su percepción de la canción fue muy difícil. El tocaba la canción muy bien, yo estaba muy verde, y en los primeros acordes de la canción que toqué él me dijo se la podrías dar a Bandana que en ese momento estaban muy arriba, ahora de hecho las escucho y me parece increíble lo que hacían y las voces de ellas, pero en ese momento no me dejó ni siquiera que termine la canción, no pude decir una palabra.

¿Vos fuiste hasta allá y no le cantaste la canción?

Yo iba para allá sincrónicamente, porque me parece que hay una organización que funciona de manera increíble con la sincronía, entonces estábamos saliendo de la secundaria y una de mis amigas me invita de vacaciones con su familia y él vivía ahí y fue alegrarme por pensar que le iba a poder cantar las canciones que le había hecho. Él lo de Bandana me lo dijo de modo despectivo, teñido de esta cosa despectiva y mi sensación fue que no se merecía la canción.

¿Ahí empezó el desamor? Porque el amor se hizo canción.

Ahí se condenso el desamor pero siguieron naciendo canciones. El encuentro con esta persona lo que despertó fue lo que empezó o abrió o me conecto con la posibilidad de hacer canciones. Entre medio estudie derecho, también diseño, no iba a hacer canciones. No podía prever que la música terminaría por ser el camino.

Pero había algo de inventar canciones y de cantarlas aunque sea de manera muy íntima.

Eso era algo importante, más allá de que había vergüenza. Me pasaba que una amiga tocaba la guitarra y cantaba, tocaba en una banda de todas mujeres. Entonces me decían, porque no le das la canción a tal de esa banda o tal de otra para que la canten porque vos no la podes cantar, pero me decía, ya va a salir. Hay una canción que espera una voz, me llevo tiempo encontrar la voz para la canción.

Borges decía algo parecido de los libros, cada libro espera su lector. Hay instantes donde eso se revela y se produce un acontecimiento.

Qué bueno eso. Yo sentía que había algo que iba a pasar aunque no estaba pasando.

¿Por qué derecho y por qué diseño?

No lo sé. Derecho quizás por esto de la sensación de la justicia. (Risas)

Hacer canciones está muy del lado de la justica, una justicia poética con la vida, me gusta el arte como esa expresión que le saca la lengua a la realidad. Incluso en ese margen donde todo puede ocurrir.

Claro, no lo había pensado nunca así. Me divertía mucho estudiando derecho, el año en que estudie me divertí mucho, sobre todo leer, indagar, interpelar. Sin embargo la sensación fue no quiero ser abogada, lo que viene después de esto, pero entonces la pregunta fue que haces y como tuve siempre una sensación linda con la imagen fue decir, entonces puede que sea diseño. Estudie tres años, hice un recorrido por la ciudad universitaria de la Universidad de Cuyo. Y las canciones empezaban a molestar adentro. Y esta amiga que tocaba la guitarra me dijo que fuera al Javi Segura para que me ayudara a cantar, a soltar la voz y asi fue. En la primera clase del Javi, caí con la carpeta llena de canciones escritas y con todo el rollo de que voy a hacer, que voy a estudiar, como voy a vivir y el loco me dijo, no sé si vas a ser abogada, diseñadora, vos viniste a hacer música, vas a poder vivir con la música, de la música y para la música. Vas a poder hacerlo. Y era como este tipo está loco, no se cantar, me da vergüenza abrir la boca, soy un desastre, ¿qué me está diciendo? Y eso fue un hito, un momento que marcó un cambio en la vida. Cada vez que lo he visto se lo he agradecido porque fue un momento determinante. Salí de ahí y dije, ¿qué hago? Tengo que estudiar algo, no estaba habilitado en mi esta posibilidad del no estudio digamos. Entonces me puse a investigar y había salido recientemente una licenciatura en música popular, entonces dije que eso era una opción y durante medio año cursé diseño y música, fue muy complejo el proceso de atravesar la Universidad. Hice la Licenciatura, hace ochos años rendí mi última materia y me quedó la tesis pendiente. Y este año retome el seminario de tesis y estoy cursando nuevamente. Estoy con mi tesis de grado (risas).

¿Y sobre que estás trabajando?

Es una mirada de género sobre el cancionero popular mendocino. Si abrimos el cancionero ahora, cuesta encontrar obras realizadas por mujeres, sin embargo siempre ha habido mujeres compositoras y autoras. Entonces tomo dos casos que son referencias, una es Analía Garcetti y Sandra Maya, compositoras populares, tomándolas a ellas como referencias inspiradoras de las que vinimos después, yo me siento acá, en esta generación para luego habilitar a las que están ahora y las que estaba por venir. Esta aun proceso.

Pensaba sobre ese tiempo en que las canciones empezaban a incomodarte y justamente en una extraordinaria cantante como la Negra Sosa y en su exquisita versión de Barro tal vez del Flaco, canta “si no canto lo que siento me voy a morir por dentro”…

Un montón, si, esa imagen me resuena, si no canto lo que siento algo se muere y yo me muero con eso. Yo siento que cuando canto hay un estado, de meditación quizás y que yo atravieso, de conectarme con la respiración enteramente y con lo que estoy haciendo. Entra aire y sale voz, lo siento así.

Por otro lado, esto que confluye entre el circuito por la ciudad universitaria y en el no poder sospecharse sin estudios al irse con la música. Es un salto cuántico de lo más establecido al terreno de lo incierto.

En mi caso, al estudiar la licenciatura siento que no me fui tan lejos. Hay gente supermusica y nunca pasó por ningún estudio, ni por una maestra de canto y hace música y compone. No hay un camino, a mí me sirvió para acallar esa premisa de hay que estudiar. Pero me terminó abriendo puertas y volver ahora tiene un sentido, volver para terminar.

Hay que tener mucha elongación para irse de la universidad y subirse a la nave de la música, se asume un vértigo que no está en las universidades, se asumen otros riesgos, pienso que más cobardes por la relación al cálculo y a la seguridad.

Claro, ahí está la mirada del para que hacemos lo que hacemos. El para que me parece fundamental. Si estudio derecho para una causa interna que tenga sentido, bienvenido. Si hay un sentido vital, bienvenido sea. Es lo mismo el que estudia o aquel que camina pero con un sentido vital.

El atravesamiento medular de cómo cada uno justifica su existencia uno lo puede hacer mirando una flor o ardiéndose en títulos pero nada tiene que ver con ser alguien en el futuro que para colmo nadie sabe dónde queda.

Esta bonito estos espacios más creativos de búsqueda y reencuentro con la vocación que habilitan espacios más diferentes. Ahora hay la posibilidad al menos de conectarse con la vocación, con aquello que late adentro. Encuentro en esto del latido algo tan literal como la vida.

Aparte de las palabras que te llegan del otro, ¿qué estás leyendo o escuchando actualmente?

Hace poco conseguí la poesía, la obra completa de Olga Orozco. Estoy fascinada. Estoy con Olga, Olga, Olga…me atrapa, me conmueve…estoy inmersa en ella. Entre medio leí algo de Whitman, muy valorado en la escala y de repente se me contrapuso con lo que estaba leyendo de Olga y lo dejé (risas). Ahora estoy escuchando un disco que no es de ahora, me pasa bastante que me quedo enganchada y escucho semanas enteras el mismo, ahora con el disco de Ignacia Etcheverry, una cantautora de Buenos Aires. Una canción de su disco Alud, que se llama Curandera que me dejó enganchada entonces estoy en estos días con ella. Me pasa también bastante que en el espacio del taller de canto me llega música que no conozco porque tiene que ver con las inquietudes de cada uno de los que llega al taller, entonces me pasa que conozco de ese modo otras cosas, hace poco conocí a Silvana Estrada, una chica mexicana, muy jovencita y hay una canción que se llama Te guardo que me parece una locura, escucho bastante a Natalia Lafourcade, me encanta Julieta Venegas, vuelvo seguido a Violeta Parra es una de mis referentes, me gusta mucho Loli Molina. Cuando no sé qué escuchar vuelvo a ellas de manera recurrente.

Te dejas habitar por la palabra de diferentes maneras, desde la escrita a la cantada. Ahora voy a elegir una palabra que me produjo una fascinación inmediata, impermanencia y otra también, que lleva mucho barro en las suelas que es ciruja, porque ahí donde el otro deja caer sus deshechos vos lo rescatas y haces otra cosa, por cierto brillante que te trasciende y esa palabra va y va…

Es muy fuerte eso. Esta imagen de la ciruja se la escuché al Seba Garay, en un momento lo dijo y ahí entendí lo que me pasaba. Yo soy de mirar instantes como una lucecita que nadie vio que pegaba debajo del vidrio. Eso. Es un estado que tiene que ver con ser niña, que salga un montón a jugar, aun en este cuerpo y en esta forma. Me rio mucho.

Qué manera de trascender en el propio cuerpo. Incluso como desobedeciendo a lo que el cuerpo debe de hacer en determinado momento de la vida y la renuncia lamentable que es en relación al juego, ese desplazamiento de lo lúdico.

Esto fue Por amor a la palabra con la Paulita Neder.

 

 


PAULA NEDER

Cancionista e intérprete de Mendoza que mistura el pop, el folk, y el rock y que compartió escenario con numerosos referentes de la música latinoamericana como Marta Gómez, Susana Baca, Mariana Baraj y Lito Vitale, entre otros.