CONVERSACIONES CON EL OTRO
por Patricio Alvarez Bayon

Qué es un editorial? Se pregunta Luis Tudanca en un número anterior. Elijo una respuesta: es una interpretación. Como toda interpretación, acentúa, extrae un significante, un S1, entre las palabras de una sesión, o entre los textos que componen una publicación. Alguien podría decir: no, el significante fundamental es tal otro, y quizás sería cierto, y por ello, toda interpretación es relativa, así como este editorial también lo es. Pero -sea en una sesión o en un editorial- la interpretación fue dicha, y el decir, si interpreta, no queda olvidado tras lo que se escucha.

Podría pensarse que este número de Conversaciones con el otro trata, como su nombre lo indica, de los sueños y, por efecto del trauma, también de los sueños en la pandemia. Pero no, si hacemos una lectura atenta a sus textos: este número trata sobre el despertar.

¿Qué es el despertar? Lacan, luego de decir que uno se despierta de los sueños para seguir soñando, proponía que el recorrido de un análisis podía llevar a un sujeto verdaderamente a despertar. Pero años más tarde, en su última enseñanza, fue escéptico respecto de la posibilidad de despertar, cuando propuso que el máximo estatuto de lo real, lo real sin ley, es inaccesible para lo simbólico. ¿Entonces nunca despertamos? Más bien deberíamos decir que hay momentos de despertar, y que el despertar nunca es absoluto, porque quizás sería insoportable, como cuando en Matrix, Morpheus le dice a Neo:  Bienvenido al desierto de lo real. Pero si bien no es absoluto, -por suerte-, esos breves despertares, son inolvidables, y marcan al sujeto con huellas imborrables.

Así lo muestra Mónica Torres en el video que da su eje a este editorial, a partir de un lapsus inolvidable con el que da inicio a su último análisis: llevo más años de análisis que de vida, dijo, lo cual desde la lógica es imposible, pero desde el inconsciente, es tan verdadero como cada uno bien lo sabe en su vida: la vida no comienza cuando uno nace, sino cuando uno despierta. Por eso, el tema de nuestro editorial: ¿cuándo uno despierta, en la vida? ¿Despierta con el trauma? ¿con el síntoma? ¿con el deseo? Cuando leemos los testimonios de fin de análisis, vemos que esos despertares son distintos para cada uno, pero pueden ubicarse con unos pocos conceptos: el trauma, el síntoma, el goce, el deseo, y cada uno de ellos implica un despertar.

Puedo recordar uno de mis despertares en la vida: un síntoma a los 7 u 8 años, que me llevaba a rezar para alejar pensamientos malos, cuando yo le decía a mis padres y a mis amigos que eso de Dios era una mentira. No creía en Dios pero tenía que rezar, malísimo! Pero ya estaba despierto.

Con el eje de cómo nos despertamos podemos leer varios textos que marcan la relación entre el sueño y el real que nos despierta:
Así lo marcan las Conversaciones con la filosofía, donde Socorro Gimenez retoma la pregunta de Sócrates sobre cuál es la vida que merece ser vivida: una vida despierta, dice.

Es la línea que toma Sohar Ruiz, preguntándose qué es lo que despierta, a partir del sueño que Lacan comenta, Padre ¿no ves que ardo?, tomando al inconsciente intérprete, subrayando la paradoja de que si en el sueño, el inconsciente ya está haciendo una interpretación, ¿qué función tiene el analista? Responde: el analista tiene la función de no olvidar qué es lo que despierta.

También, el dossier de Diana Palma que marca la relación entre el sueño, la magia y los dioses, para situar la relación con lo real que ya está en juego en los oráculos. Ella remarca además, la dimensión donde el inconsciente cifra un texto a descifrar.

En una línea diferente va Ignacio Rodriguez sobre: ¿qué sueñan los hombres? Respondiendo algo que nos enseña sobre el género: sueñan que son hombres. Mostrando que la virilidad es un ideal, que puede ser un camino pero también puede acarrear lo peor. Entonces, ¿cómo despertar a ese sueño de ser hombre? ¿por la vía de la deconstrucción o de un análisis?

En otra línea también va el texto de Laura Valcarce, que investiga de un modo interesantísimo los sueños en la psicosis, a partir del caso Primeau de Lacan: ¿el sueño es un antecedente de la alucinación, o bien una certeza anticipada, o bien un enigma? La frase de Lacan nos orienta: “el analista debería apartarse un poquito del plano del sueño”.

Me preguntaba antes qué diferencia habría entre el despertar en la vida que ocasiona el trauma, con el que ocasiona el síntoma, con el que ocasiona el deseo.

Varios textos me dan una respuesta sobre eso en este número. María Nelly Ragonesse subraya que lo que nos despierta es lo traumático, es decir el encuentro con lo real, pero pese a eso, Freud siguió el camino del deseo para su interpretación. Entonces, hay despertar en relación a lo real, pero por otro lado, Freud y Lacan apuestan al deseo. Y agrega: “El psicoanalista como efecto de discurso, causa el deseo del analizante, única defensa frente a lo real”.

A esto, se agrega el texto de Elvira Dianno, quien señala en la vida de Fellini, cómo luego de la condena de la Iglesia a La dolce vita, su pasaje por el análisis lo lleva a escribir sus sueños, de los que surge la maravillosa 8 y ½. Incluso cuando nos lleva a reponernos de una pesadilla como esa condena, o en términos actuales la pesadilla de la pandemia, la vida es sueño porque hay deseo, dice, y “Soñar es una apuesta a vivir”.

Así me responden también los jóvenes analistas que escriben el Hipertexto: de la pandemia, extraen el deseo de una escritura colectiva pero singular, que al modo del Cadáver exquisito surrealista, muestra que el deseo se lee en la letra misma, y que soñar también puede ser escribir.

Así lo muestra, comenzando y terminando con él, el video de Mónica Torres: a su lapsus de más años de análisis que de vida, se asocia el recuerdo de su neurosis infantil: ésta demuestra que su despertar no fue al nacer, sino con su fobia de los 9 años, el despertar del síntoma. Eso la lleva a comenzar un análisis que devela el secreto familiar. Y así, sale de ese análisis causada por un deseo: el de ser analista, que ya tenía desde los 10 años, causa que mantiene hasta hoy.

De este modo, me respondo: no es lo mismo el despertar del trauma, que el despertar del deseo. El despertar es el encuentro con lo real. Y el despertar del deseo, es una respuesta a lo real. La confrontación con lo real que implica el despertar del sueño, puede dejarnos angustiados, en pánico, o bien puede causar un deseo: del mismo modo que cuando nos despertamos del dormir con una idea nueva, o con una respuesta al problema que parecía insoluble.

Lo sabemos bien los que estamos en esta pesadilla pandémica y queremos despertar de ella. ¿Y cómo se despierta? Con un deseo.

Así lo muestra el texto de Ana Sol Sikic, que junta dos elementos imposibles de juntar como son el trauma y el deseo, al señalar sólo una frase, al modo de un haiku: También esto pasará.

Y cuando esto pase, no seremos los mismos. Porque hubo un despertar cuando nos encontramos con lo real de la pandemia. Pero ese real, para que no sea insoportable, para que no sea el desierto de lo real, deberá ser respondido por la causa de un deseo. Y si eso pasa, cuando sea el momento en que también esto pasará, en ese momento, no seremos los mismos. Porque nos habitará la causa de un deseo. O no. Por eso, la función del analista como causa del deseo, es fundamental en tiempos de pandemia.

 

 

 

PATRICIO ÁLVAREZ BAYON

Magíster en clínica psicoanalítica.

AP de la EOL y la AMP. 

Docente de la maestría en clínica psicoanalítica y del IOM2.