Clínicas de Mariel Lucia Robledo y Andrés Romero

A partir de una pregunta proponemos a los invitados a compartir su clínica:

 

Mariel Lucía Robledo

Psicoanalista.
Alfarera amateurs
Amante de los libros y los perfumes.
Secretaria de Biblioteca del Cid San Luis.
Docente investigadora de la UNSL

 

Lacan en el seminario 19 trabaja el concepto de rasgo unario,  diferenciándolo del UNO. Lo piensa como esa marca imborrable,  soporte de la identificación imaginaria y marca de la repetición. Como se las arregla el analista en su práctica con esa insistencia? cómo deshacer con la palabra,  lo que esta hecho con la palabra?

Cuando pensamos el rasgo unario lo hacemos como esa marca fundamental, esa primera identificación que se desprende de aquella intuición freudiana que inaugura el texto “La psicología de las masas y análisis del yo”, en donde plantea una primera identificación al padre, al amor del padre fuera de la ley del Edipo, fuera de la ley del Otro. Eric Laurent (2018) nos dice que Lacan rescata esta intuición freudiana para plantear que el sujeto no es una identidad sino esencialmente una identificación.

El rasgo unario es la marca de esa primera identificación que abre a otras identificaciones, pero también es la marca de una falla fundamental de la relación del sujeto con el Otro. La relación del sujeto con el Otro está mediatizada por un vacío fundamental. Esto es lo que desarrolla Lacan en sus Seminarios 9 “La Identificación” y 10 “La angustia”.

Nueve años más tarde, en el seminario 19, cuando incorpora a su enseñanza la idea de Hay el UNO, se produce un cambio. Esto lo señala muy claro Miller en la contratapa del seminario 19, nos dice que Lacan “Enseña la primacía del Uno en la dimensión de lo real”. Recusa el Dos de la relación sexual y también el de la articulación significante. Recusa el gran Otro, pivote de la dialéctica del sujeto, le deniega la existencia, lo remite a la ficción. Recusa el Ser, que no es más que un semblante. La henología, doctrina de Uno, aquí está por encima de la ontología, teoría del Ser, ¿El orden simbólico? En lo real no es otra cosa que la iteración del Uno” (Lacan 2012)

Entonces el Uno, el Haiuno, implica lo real del goce, el cuerpo marcado por el goce, el vacío para recibir la inscripción de goce.

Patricio Álvarez(2020) dice que Lacan en Seminario 20 plantea que para que haya Uno éste debe extraerse del enjambre de S1 que hay en la lalengua. Uno de esos S1 alza vuelo se recorta, se extrae de uno- entre -otros de la lalengua. Y este Uno que alza vuelo se escribe como Letra. No es cualquier Uno, es un Uno que viene a extraer, a recortar, a escribir en el cuerpo una Letra.Ese Uno se escribe mediante la escritura salvaje del síntoma.

Agrega que al escribirse ya no es cualquier Uno, sino el Uno letra destinado a repetirse,  a no cesar de escribirse. Es una letra en lo real.En la medida que se extrae el Uno se escribe una letra en lo real y también se escribe el agujero. Estamos ante el Uno en la neurosis. El Uno en la psicosis y en el autismo es distinto; entonces nos encontramos ante distintos Unos, pero no nos vamos a detener en eso.

En cuanto a repetición ya no la pensaremos en términos simbólicos como automaton, como retorno de los signos, sino en términos de tyche, en términos de encuentro fallido con el goce, repetición del rasgo unario. Pero también hay un goce que se repite de manera distinta y a eso Miller lo llamó iteración. Es una repetición que ya no implica elementos simbólicos sino fenómenos reales. La podemos encontrar en algunas adicciones, en donde no hay articulación significante, ni novela familiar sino una relación con un goce real con el tóxico. Allí el análisis intenta ensanchar el circuito que tiene el sujeto con el tóxico tratando que se anude de otra manera al Otro.

La iteración se diferencia de la repetición porque la repetición implica equivocidad, encuentro fallido, la iteración es siempre igual a sí misma y esto lo podemos encontrar claramente en el autismo. Tal es el caso de un niño de 7 años, que llega al consultorio con su cadena. Juega totalmente solo. No habla. Sus manos están ennegrecidas por el constante juego. No le interesa otra cosa que tirar y levantar la cadena. Permanece absolutamente desinteresado por los otros. Gira y grita. Los analistas deciden molestar el juego de la caída, lo que obtiene como respuesta es la palabra: Basta! A partir de allí empieza una dinámica de juegos que tienen en común la caída, pero ahora con otros objetos, dice palabras sueltas incomprensibles, que los analistas tratan de darles un sentido, intentando hacerlo entrar en el campo del significado.  El niño empieza a dirigirse al otro con cierta intención y con algunas escasas palabras.  Lo que se busca al molestarlo con la cadena es perturbar la defensa, perturbar el circuito de la iteración. Lo que se logra es que pueda direccionarse hacia los analistas como un modo de forzar la transferencia para que vaya entrando en el campo del Otro y abandone por un rato su mundo. Aparece el “Basta” como una palabra dirigida al Otro y un lazo mínimo con los otros.

El desafío del Psicoanálisis es pasar del Uno al Otro, es decir consentir a cifrar su goce a partir del significante.Anudar a la repetición al circuito del Otro. Se necesita introducir la significación, posibilitar la transferencia y la interpretación para que algo de ese goce se dialectice.

Y por otro lado el Uno al final de un análisis. Los testimonios de pase dan cuenta como de la proliferación de sentidos, a partir de la operación analítica se produce un vaciamiento de sentido y el encuentro con el Uno y la elaboración del sinthome.

En el testimonio de Raquel Cors Ulloa, denominado 27-28 –Uno  ella nos cuenta que su análisis ha sido Uno, si bien ha habido varios analistas a todos los elegía por los mismos rasgos. Al final de su relato ya en las últimas sesiones aparece el recuerdo de su nacimiento y los tres días de dolor de parto de su madre que fueron los días 27,28 y 29. Toma en cuenta que en ese momento era la misma fecha, pero del mes de febrero que no tenía 29. Y dice: “He ahí una escritura que había surgido. Lo que se escribía ¡no era para leer, sino para salir! Era lo Uno. Una letra estaba escrita, sin la cifra ni el sentido del Otro…… 27-28-Uno ya sin dos”. “Uno, eso es, con lo que seguiré elaborando el sinthome. Y agrega “Seguí analizándome hasta el momento conclusivo en el que decidí salir sin esperar nada de mi Ser. Fue luego de la penúltima sesión que como siempre salía a caminar, pero Paris no era el mismo, ni yo la misma. Mi análisis había terminado”.

Estas son algunas reflexiones.

 

Referencias

Lacan, J. 2012, El Seminario 19 “….o peor”. Ed. Paidós.

Laurent, E. agosto 2018.El Uno solo. Freudiana N° 83. El Uno.  Revista de Psicoanálisis de la ELP –Catalunya.

Álvarez Bayón, P. 2020. El autismo, entre Lalenguay la letra. Ed. Grama.

Cors Ulloa, Raquel. 27 -28 – Uno. Revista Lacaniana 26. El Factor infantil. EOL Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

 

 


 

Andrés Romero

Responsable local del IOM2 Mendoza.
Practicante del Psicoanálisis hace ya varios años. Analizante hace muchos más.
Entusiasta de la formación. Fan de la docencia. Incursor en la cocina. Visitante esporádico
del mundo informático.

 

Lacan en el seminario 19 trabaja el concepto de rasgo unario,  diferenciándolo del UNO. Lo piensa como esa marca imborrable,  soporte de la identificación imaginaria y marca de la repetición. Como se las arregla el analista en su práctica con esa insistencia? cómo deshacer con la palabra,  lo que esta hecho con la palabra?

Lacan, en el seminario 19, diferencia el campo de lo unario de lo que llama el “campo de lo uniano”, para hacer la diferencia entre el Uno, el Uno solo, del concepto de rasgo unario, que extrae de Psicología de las masas, y que del que hace un uso extensivo a lo largo de su enseñanza, porque lo eleva al lugar de la identificación primaria.

Entonces, si pensamos el rasgo unario en la clínica, tenemos que pensarlo a partir de la identificación.  ¿Cómo entra el sujeto, eso que a la altura del Seminario 11 es un conjunto vacío, en el campo del Otro, en el campo del significante?  ¿Cómo se representa en ese Otro y obtiene allí un lugar?  Vemos que ya nos ubicamos en un problema clave de la vida de cada uno, que por supuesto se pone en juego desde el principio mismo de la partida analítica.  Graciela Brodsky cuenta en uno de sus testimonios de pase, que ella repite varias veces su condición de hija única al comienzo de su último análisis, hasta que el analista le dice “ya me lo dijiste tres veces”.

Sabemos, así nos lo enseña la fórmula del discurso del inconsciente del Seminario 17, que para poder entrar en al campo del Otro, el sujeto, que no tiene un ser, no tiene más que representarse por algún significante, identificarse a él.  Es el problema de tener que arreglárselas con lo simbólico, para poder mantener anudados imaginario y real, que a diferencia del mundo animal, no logran recubrirse.

Para los animales hay signos.  Determinado color, olor, danza da perfecta coordenada de lo que debe hacer allí, e incluso provoca cambios en su cuerpo, como lo enseña Lacan en su primer seminario, sobre diversas especies.

Para un animal el signo alcanza, y es inequívoco.  Pero para los seres hablantes… es muy otro el asunto.  Daba el ejemplo de los cambios en el cuerpo porque podríamos decir que Freud descubrió que en la histeria, por ejemplo, también ocurren cambios en el cuerpo: parálisis, cegueras, tos y un largo etc., pero no se trata allí de cambios que nos adaptan al ambiente, sino de una satisfacción realmente inadaptada y propiamente humana: el síntoma.

Sobre el rasgo unario, Lacan dice que es el único significante que fue antes signo, es decir que con esto introduce la idea de un primer tiempo lógico en el que el S1 está solo y es, por supuesto, insensato.  Segundo tiempo, entonces, hace cadena y advienen todo tipo de sentidos… necios.

En el seminario 20 Lacan habla de la necedad asociada al significante, y entonces así andamos… partimos de la insensatez y perseveramos en la necedad…  Como nos dice Graciela en el testimonio del que hablaba más arriba, se trata de hacerse un ser y llenarlo de sentido.

Ese perseverar en la necedad es lo que escuchamos cada vez que alguien viene a vernos, o cuando nosotros mismos nos tiramos en un diván.  Y entonces se tratará de reducir esa perseveración, en la que intentamos fallidamente lograr una identidad -pero como se trata de significantes, eso es imposible-.  Sin embargo, a falta de identidad, la reducción de esa pléyade de identificaciones que el análisis, a fuego lento, ira operando, con suerte y viento a favor, darán por producto esa palabra, ese gesto, ese rasgo insensato al que contingentemente nos identificamos.

Es una manera de leer lo que Lacan llama “discurso analítico”, y parafraseando la famosa frase Freudiana, allí donde era el pathos, el S1, como letra sin sentido, debe advenir.  Es una forma de pensar como ir por el reverso del inconsciente, a contrapelo, interpretando al revés, podría deshacer con la palabra lo que está hecho con la palabra.