CLÍNICAS DE MARÍA NELLY RAGONESE
Y SOHAR RUIZ

A partir de dos preguntas proponemos a los invitados a compartir su clínica:

 


MARÍA NELLY RAGONESE

Practicante del psicoanálisis en Mendoza

Docente del CID. Docente Especialización en clínica psicoanalítica (ACEP)

Miembro de ACEP

 

 

 

  • ¿Qué consecuencias clínicas se pueden extraer de la formalización de los cuatro discursos que Lacan presenta en el seminario 17?

Que la clínica nos lleva la delantera es algo que los practicantes del psicoanálisis estamos muy advertidos, y entiendo la orientación lacaniana como un dejarse enseñar por la clínica.

Así como no se enseña el psicoanálisis, sino que el psicoanálisis nos enseña, la clínica en su delantera, nos enseña en cada encuentro que tenemos con un sujeto que sufre. Y sobre todo en estos tiempos donde nuestro dispositivo tradicional se ha visto confrontado en su eficacia, con el necesario pasaje de lo presencial a la virtualidad.

La orientación que me otorga el Seminario XVII, es la formalización que hace Lacan del psicoanálisis: dice que es un discurso, por lo tanto es una forma de vínculo social, un discurso que puede dar razón a los otros discursos.

El psicoanálisis es un discurso lógico que implica lugares y funciones, y el lugar del analista en sus matemas, es el lugar del objeto a, como causa. El psicoanalista como efecto de discurso, causa el deseo del analizante, única defensa frente a lo real. Encuentro en este punto una de las razones de la eficacia de nuestra práctica aun en las condiciones actuales.

Otra de las enseñanzas que extraigo del seminario es que no hay discurso que no sea del goce, son formas de tramitar el goce, de sostener la buena circulación del goce. Y el síntoma que es la verdad que el sujeto puede construir con los semblantes que le permite su propio modo de gozar.

Otra perla de este seminario es la conceptualización de la repetición, la satisfacción que hay en juego en la repetición, lo que se repite es el goce. El lenguaje obtiene el goce insistiendo en la repetición, con la pérdida que conlleva y que da cuerpo al plus- de- gozar.

Una de las consecuencias clínicas entre muchas que me permite extraer las coordenadas de este seminario, tiene que ver con ubicar la relación entre el goce encerrado en el síntoma del analizante y su capacidad (o no) para situarse en la dimensión de un discurso.

Del lado del analista, el analista objeto, dúctil para leer y dejarse atravesar por su época, se transforma en discurso y «causa» el movimiento que desarticula el fantasma y libera la fijeza de goce concentrado en el objeto a, dando paso al deseo.

 

  • Lacan, desde sus inicios propone un retorno a Freud como un modo de poner a salvo la teoría y la práctica analítica. En ese retorno ¿de qué manera Lacan retoma el uso de los sueños en la experiencia del psicoanálisis?

El sueño como formación del inconsciente, es un texto, mito dado al desciframiento. Para Freud, se trataba en un principio de deseo (sexual) reprimido, interdicto a develar. A partir del sueño de la inyección de Irma, da un paso más para llegar al punto de que hay en los sueños un momento que no se puede ver, no tiene sentido, no puede ser nombrado. Y que el despertar es producto de la aparición de un afecto: la angustia.

Lacan considera esto como “revelación de lo real en lo que tiene de menos penetrable, de lo real último. Un objeto que ya no se puede nombrar, ante el cual todas las palabras se detienen y todas las categorías fracasan». El ombligo del sueño.

Si bien Freud llega a la localización de lo real en el sueño, siguió el camino del deseo para su interpretación. La interpretación lacaniana se dirige a la no relación y a lo imposible de decir.

En la última enseñanza el valor del sueño no está tanto en su interpretación, como es su uso, uso para validar la creencia en el inconsciente del analizante y operar con él para una nueva alianza más responsable con el goce.

«Usar el sueño como instrumento permite dar cuenta de la posición que tiene cada practicante con el inconsciente y mostrar la ética que lo empuja en la cura»

 

 


 

 

SOHAR RUIZ

Analista practicante de la EOL AMP.

Docente investigador de la UNSL. Secretario de enseñanza del Cid San Luis.

 

 

 

  • ¿Qué consecuencias clínicas se pueden extraer de la formalización de los cuatro discursos que Lacan presenta en el seminario 17?

Si pensamos que la clínica no coincide con la práctica, o, lo que es equivalente, que, como dice Lacan, el analista es dos: el que tiene efectos y el que piensa en estos efectos; diría que la cuestión de los discursos ha sido, es y, creo, seguirá siendo, vital en mi clínica. En realidad, y para ser justos, creo que el Grafo del Deseo, los 4 Discursos, las fórmulas de la sexuación y los nudos como perspectiva, son los soportes y la acción analítica orientada por Lacan.

Antes de referirme a la pregunta. Nuestra clínica, que como dice Miller, se adelanta a la teoría, sería impracticable sino no estuviese anudada, como también él lo ha precisado, a lo epistémico, lo ético y lo político. Esa manera que tenemos de entenderla, desde mi punto de vista, la articula de manera compleja y la aleja de ser una experiencia intransferible a la que se accede por el testimonio (a no ser la del Pase, en cuyo caso, tampoco se trata de una aspiración de matema). Es necesario, para nuestra clínica, un esfuerzo de formalización.

Me detengo ahora en los Cuatro Discursos. Inconsciente, Repetición, Transferencia, Pulsión, los conceptos freudianos, pero agreguemos, ahora con Lacan: Discurso, Sujeto, Fantasma, Objeto, Goce, Saber, Rasgo, Imposible, Impotencia, etc… pueden ser ubicados con los discursos de Lacan. Encuentro que el poder de los Discursos, de esclarecimiento y de orientación de la acción es, aún, una tarea por hacer…

Pero, me quiero referir a una pequeña anécdota personal. En el año 1996 fui al Seminario Hispano Parlante, que condujo Miller en Buenos Aires. Se discutía allí cuestiones articuladas a Sentido, Significación, Sin Sentido, Cuerpo y demás. En el break de ese seminario compré un libro de Miller que tenía la particularidad, la novedad, que siendo una serie de conferencias que había dictado en Paris, se publicaban en Argentina, ya que los textos habían viajado por un sistema que prometía ser el futuro recién llegado: el correo electrónico, byte a byte, como decía el prólogo. El libro se llama “Entonces, Sssh…”. El primer capítulo se titula “La interpretación al revés”. Ya de vuelta en casa, lo comencé a leer. En ese primer capítulo, en el umbral, puede entender desde esa vez y mientras practique el análisis, que hay una interpretación que es propia del inconsciente y otra que es analítica. Ese pequeño zócalo vino a anudarse, con los años, a aquello que había escuchado en el Seminario Hispanoparlante: Sentido, Sin Sentido, Significación, Inconsciente, Cuerpo. Pero fundamentalmente, Interpretación. Y pude entender esa diferencia es posible de ubicar, gracias a los Cuatro Discursos de Lacan.

Finalizo. Cada vez que, en la práctica escucho algo o digo algo, no puedo dejar de recordar ese punto crucial: el inconsciente es un intérprete espontáneo, se puede decir, y la acción interpretativa analítica va a contrapelo.

 

  • Lacan, desde sus inicios propone un retorno a Freud como un modo de poner a salvo la teoría y la práctica analítica. En ese retorno ¿de qué manera Lacan retoma el uso de los sueños en la experiencia del psicoanálisis?

Quisiera responder a la pregunta tratando de soslayar un tono académico, apelando para dar una respuesta a lo que en mi memoria se registra de manera casi permanente a la hora de la práctica.

El Seminario de los Cuatro Conceptos Fundamentales, el 11, Lacan subraya, destaca, extrae, un sueño con el que Freud da inicio al famoso Capítulo VII de la Interpretación de los Sueños, pero que, me había resultado un poco indiferente a pesar de su patetismo, por la preocupación de entender rápidamente, el sueño como cumplimiento de deseo y su función. “Padre, ¿acaso no ves que ardo?” concluía y Freud, lacónico, decía que el sentido sobre el que se sostiene su interpretación era simple, pero también que también era maravilloso poder encontrar un “cumplimiento de deseo” y la verificación de su función: proteger el dormir.

Sin embargo, en ese Seminario que comentamos, Lacan también se refiere a otro pequeño sueño: cuando se golpean las puertas donde yace el durmiente, alrededor de esa representación, él hace su sueño para seguir durmiendo.

Al extraordinario sueño que concluía “¡Padre!, ¿acaso no ves que ardo?” Lacan, simplemente, se preguntaba, ¿que despierta? Y su preocupación a renglón seguido es la cuestión de lo que despierta y de que se despierta. Se pregunta, ¿acaso hay una diferencia radical entre el dormir y la vigilia? ¿Acaso, estando en la vigilia, que seguridad se tiene que estamos despiertos? Y, finalmente, cuando se despierta, ¿no se lo hace para continuar soñando? Entonces, Lacan, realiza una extensión del soñar aún más allá del dormir y lo hace coincidir, en mi parecer, con el arrorró que procura el fantasma y su marco para el deseo.

El sueño de Lacan es el sueño de ¡despierta! Se despliegan entonces, dos vertientes: el sentido del sueño, en cuyo extremo está el cumplimiento de deseo, fálico agreguemos, o bien “eso” que despierta para, luego, volver a dormir. Cada vez que alguien me cuenta un sueño, además de evitar copiosas interpretaciones, me pregunto, “entonces, ¿qué despierta?”.