CLÍNICAS DE Julieta Gallea y Yanina Gallo

A partir de dos preguntas proponemos a los invitados a compartir su clínica:


JULIETA GALLEA

CID MENDOZA
“¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”
Para mí, de experiencias de viaje en familia,
Reír en una cena con amigos,
Abrazar a mis seres queridos…

 

  • 1- ¿Cómo pensás que se juega el amor en el dispositivo analítico?Ante todo, no me resulta una pregunta nada sencilla, pero intentaré decir algo de lo que pienso que puede ocurrir en el dispositivo analítico en relación al amor. Lo primero que creo es que para que un análisis sea posible tiene que haber lo que llamamos transferencia y, en este sentido, el amor de transferencia y por que no, amor al saber como pivotes fundamentales sobre todo al inicio de un análisis. Quien consulta viene con un padecimiento, un sufrimiento y recurre a otro al que supone un saber acerca de eso; y si bien en algunos casos la persona puede venir con algún tipo de transferencia previa, la transferencia se instalará luego en el devenir del tratamiento, no sin obstáculos y resistencias. Si hablamos de amor en el dispositivo, debemos incluir allí el deseo y el goce; y el goce en juego enlazado a la persona del analista como partenaire. Hace poco leí un texto de Mauricio Tarrab, “Dos comentarios sobre el amor”[1] donde trabaja precisamente alguna de estas cuestiones, a partir del trabajo de algunos capítulos del Seminario de Jaques Alain Miller “El Partenaire Síntoma” [2], y plasma muy claramente la posición del analista en cuanto a que está ahí agalmáticamente, cuyo semblante permite que el goce autoerótico más privado, se enlace por la vía del amor y el saber al Otro, y de esta manera bajo transferencia tratar el goce. Tenemos la famosa frase de Lacan “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo”[3], el amor es aquello que permite una conexión con el Otro. El amor así entendido tiene una función no solo de velo, sino de anudamiento; y me parece que es esencial que tengamos esto presente en la dirección de un análisis ya que implica que el amor es un puente en un análisis para pasar del Uno del goce hacia el Otro.2- ¿Crees que la virtualidad y la “nueva normalidad” produce mutaciones en el amor al interior del dispositivo analítico?

    Creo que estamos transitando esta mutación en relación a la virtualidad, tal vez algunos analistas ya venían haciendo esta experiencia, pero considero que la “nueva normalidad” es una experiencia inédita para nuestra comunidad. En este sentido es un hecho muy reciente y los saldos de saber en relación a ello, en mi caso, son sólo muy incipientes y parciales.

    Por un lado, estuve atendiendo con dispositivos móviles, video llamada y llamado telefónico exclusivamente dos meses, actualmente con muy pocos continúa esta modalidad.

    ¿Si produce mutaciones en el amor? No podría cerrar una respuesta, pero considerando que, hay ausencia de la presencia de los cuerpos, pero no la hay del goce que vehiculiza el significante, y en ese sentido si pensamos que el amor, y las palabras de amor permiten esa posibilidad creo que sigue estando el amor al interior del dispositivo. En este sentido pienso en varias experiencias en este último tiempo; como por ejemplo, una consulta de tratamiento de un niño en pleno ASPO por esta vía, las primeras entrevistas muy rápidamente instauran un afuera que permite apaciguar una angustia deslocalizada. En otros caso, debido a la interrupción del modo presencial algunos deciden hacer un impasse y luego solicitan retomar y el tratamiento continúa, apareciendo ciertos movimientos, como el llamado telefónico prescindiendo de la mirada. Por otra parte, mensajes que sostienen y aseguran que hay Otro allí con el que se puede contar y que posibilita y posibilitará el tratamiento del goce.

    Finalmente, esta pregunta me recordó una entrevista que tuve hace más de diez años para ingresar a trabajar en una institución donde me interrogaban qué pensaba en cuanto a mi función en relación al paciente. En ese momento respondí, dentro de lo que recuerdo, que creía que era posibilitar que la persona viviera un poco mejor, de manera menos sufriente. En ese momento pensé que no había sido muy psicoanalítica mi respuesta, ¡y mucho menos lacaniana!. Sin embargo, recientemente recibo un mensaje de WhatsApp de una paciente que decía: “Gracias por ayudarme a transitar mejor la vida” y posteriormente llega a mis oídos un decir de Lacan en su última enseñanza, que lo que él esperaba a fin de cuentas con sus pacientes es que se sientan mejor, más satisfechos. Creo que si esto se produce desde la virtualidad o en el consultorio seguimos orientados psicoanalíticamente, y esto no es desde cualquier posición y sin el cuerpo y el deseo del analista cuya presencia permite que esto acontezca.

    [1] Tarrab, Mauricio: “Dos comentarios sobre el amor” en Revista Virtualia N° 35.

    http://www.revistavirtualia.com/articulos/826/el-amor-y-la-epoca/dos-comentarios-sobre-el-amor

    [2] Miller, J. Alain: Curso de la orientación lacaniana “El partenaire- síntoma”, Paidós, Bs. As., 2008.

    [3] Lacan, J.: El Seminario, Libro 10, La angustia, Paidós, Bs. As., 2007, p. 194.



YANINA GALLO
Un poco nómade, siempre buscando movimiento…Catamarqueña por adopción mutua.
Co-fundadora de “Varitè centro de día terapéutico”
Amante de los libros, cuanto más viejos mejor!
Partidaria del disfrute, del aire libre y las buenas compañías

 

 

  1. ¿cómo pensás que se juega el amor en el dispositivo analítico?

#UsaElAmorComoUnPuente 

El amor será el vehículo para establecer el inconsciente como saber:

 amar al inconsciente para realizar la experiencia.

Desde los inicios del psicoanálisis los analistas se vieron metidos de cabeza en enredos amorosos. Recordemos el embarazo histérico de Anna O (Bertha Pappenheim), quien atribuía el mismo a su analista, lo que generó que el propio Breuer abandonara el tratamiento. O la tumultuosa relación de Jung con Sabina Spielrein, llevada a la pantalla grande en 2011 bajo el título A Dangerous Method. 

Sin embargo, no es mi intención detenerme en los culebrones del psicoanálisis de comienzos del siglo XX. Sabemos con Freud que existe un patrón, un clisé para el ejercicio de la vida amorosa, aprendido durante la infancia y que se repite de manera inconsciente en la vida adulta. 

En el dispositivo analítico esto se pone en juego. La aparición del amor de trasferencia puede volverse resistencia, o puede motorizarse para hacer avanzar el tratamiento. La indicación freudiana será: dejarla subsistir como fuerza pulsionante del trabajo y guardarse de apaciguarla Se trata de retener la transferencia, sin actuarla, para reorientarla a sus orígenes inconscientes.  

Esto remite a otra vía para pensar el amor analitico: el amor al inconsciente. 

Amar al inconsciente implica creer en él. Creer que los lapsus, olvidos, sueños tienen un sentido inconsciente a ser descifrado. Será el analista quien tome la posta: cuando invitamos a hablar al analizante pidiendo que diga lo primero que le viene a la cabeza aunque parezca carente de sentido; cuando insistimos en eso que el hablante califica de “error”, para que asocie acerca de por qué dijo esa palabra en lugar de otras; o cuando interrogamos sobre el sentido al cual remiten los significantes elegidos: “inutil”, “diferente” “negativa” por mencionar algunos ejemplos.

El analista entonces, puede “creerse” que el amor de transferencia tiene que ver con su persona, lo cual no es aconsejable ni para la ética del psicoanálisis, ni para el destino del tratamiento. O puede hacer de él un puente por el cual la experiencia analitica permita acceder al inconsciente en tanto elucubración de un saber sobre el goce.  

  1. ¿Creés que la virtualidad y la “nueva normalidad” produce mutaciones en el amor al interior del dispositivo analítico?

Es sabido que los movimientos en la civilización ponen en juego mutaciones en el interior del dispositivo analítico. Desde la época victoriana, que dió nacimiento al psicoanálisis, a la fecha, los psicoanalistas se han visto interpelados teniendo que aggiornarse y adaptarse a los diferentes cambios.

Respecto de la virtualidad, y la llamada “nueva normalidad”, en el caso particular de Catamarca, fue poco el tiempo que duró el aislamiento estricto, por lo que en mayo ya pudimos retomar los tratamientos en consultorio. En mi propia clínica, en los primeros tiempos de la pandemia podría decir que se trató de una presencia a disposición. En la incertidumbre de la cuarentena y su duración, algunos pocos analizantes accedieron a continuar sus tratamientos; algunos semanalmente como cuando era presencial, y en otros casos “a demanda”, al modo de sesiones S.O.S. pautadas unas horas antes de su realización. La vuelta al consultorio también tuvo sus matices: barbijos, distancia, alcohol en gel… ¿Cómo hacer converger el discurso analítico con los protocolos?

Si pensamos en la experiencia analítica como un dispositivo para acceder a un saber inconsciente, y el amor como un vehículo para ello, la virtualidad, a pesar de sus limitaciones, no necesariamente tiene por qué volverse un obstáculo, sino una herramienta más a disposición. 

Si algo me es posible afirmar acerca de la incidencia de la pandemia, es la puesta a prueba de la plasticidad, invención y ductilidad de un analista. Fue y sigue siendo necesario, cada vez, un cálculo singular para maniobrar con la transferencia. Considero que estamos todavía en tiempo de comprender. Será el desafío del psicoanálisis y de los analistas, estar, una vez más, a la altura de la subjetividad de la época.