CLÍNICAS DE FLORENCIA QUIROGA
Y PABLO REQUENA

A partir de dos preguntas proponemos a los invitados a compartir su clínica:

 


FLORENCIA QUIROGA

Responsable Local del Grupo en Formación Catamarca.

Llevo adelante mi práctica en Hospitales y en lo particular.

 

 

 

 

  • Freud avanza en su teorización a partir de los obstáculos que encuentra en su propia clínica. Siguiendo el espíritu freudiano, ¿que nos puede aportar sobre lo que da nombre a nuestra sección: “La clínica nos lleva la delantera”?

El nombre de la sección me invita a un tiempo, algo va delante de nosotros y por qué no indicarlo, nos lleva de las narices. En relación al tiempo que vivimos, el actual, marcado por lo imparable, la inmediatez, y el empuje al todo es posible que a veces nos desconcierte cuando el síntoma hace su aparición nombrando algo de eso que no anda. ¿Hay nuevas vestiduras sintomáticas? Claro, nueva forma de manifestación  que no son las del inicio del psicoanálisis, pero a su vez hay que decir que lo subversivo del discurso analítico se muestra vigente en el tiempo  del encuentro con la clínica, en el sentido ese sujeto singular – la dignidad de su síntoma y  un analista, tiempo de lo que  sorprendente y  nos enseña.

 

  • En su práctica cotidiana como analista ¿Qué le sorprende de la clínica actual?

En mi práctica lo que se presenta es lo que  llamamos desde el psicoanálisis pero también desde pensadores de este tiempo, época del Otro que no existe, en los términos de una autoridad encarnada que permita el pasaje de ese síntoma sufrimiento a una instancia que signifique algo, que se vuelva mensaje, que haya Otro que este allí para alojar, desde lo que llamamos instituciones familia, escuela, hospital. Me encuentro con niños muy pequeños solos, sueltos, con síntomas que se ligan a la imposibilidad de detención del cuerpo y su consecuencia sobre el lenguaje. Aparece  entonces la repuesta, al auxilio de una nombre  en el DSM,  que cristaliza, coagula a partir de evaluar desde  una serie de ítem quitando la marca de lo singular y volviéndose anónimo, un numero, una cifra deteniendo la posibilidad del movimiento deseante. Funciona como tapón que impide abrir un camino, la ruta del deseo. Otro tanto la juegan los adolescentes en el despertar de su sexualidad, del encuentro con el propio cuerpo que se vuelve ajeno y que sin mediación arrasa con una arrancia permanente que puede llevarlo a lo peor. Allí, y justamente allí, en la juntura intima entre eso que llamamos síntoma y una presencia que pudiera ocurrir  en ese encuentro con un analista, es que tenemos una chance, esa que vuelve a la práctica inventiva, artesana, capaz de  volverse  instrumento  de la trama de ese sujeto particular.

 


 

 

PABLO REQUENA

Practicante del psicoanálisis. Miembro de Acep. Docente del Cid Mendoza. Aficionado de la cocina al disco, a la plancheta y a la parrilla. Con un gusto especial por los vinos y los buenos amigos.

 

 

 

  • Freud avanza en su teorización a partir de los obstáculos que encuentra en su propia clínica. Siguiendo el espíritu freudiano, ¿que nos puede aportar sobre lo que da nombre a nuestra sección: “La clínica nos lleva la delantera”?

La clínica nos lleva la delantera. Es la advertencia obligada para no quedarse afuera de las posibilidades de incidir en las singularidades en juego. En esto, quizás conviene matizar un poco la expresión “presentaciones clínicas actuales”. Siempre ha habido un no-todo(s) implicado con el inconsciente. Lo que no quiere decir que cualquier sujeto, con cualquier forma de presentación, no articule un modo particular de distribución de sus goces. Leerlo de este modo es quizás una de las únicas formas de escuchar, captar, pesquisar, advertir, y eventualmente, decidir intervenir o hacer ahí algo con eso. Es falso considerar que el psicoanálisis es el único discurso que aloja un goce. Quizás sí es el único discurso que busca aproximar al sujeto a la advertencia, al reconocimiento de lo que allí se real-iza, e intentar deslindar en la distribución de los goces, la modalidad que se ajuste con el menor malestar posible a la existencia de un sujeto.

 

  • En su práctica cotidiana como analista ¿Qué le sorprende de la clínica actual?

La clínica nos lleva la delantera… quizás un poco más en la época. No tanto por la inexactitud de lecturas que podrían hacerse desde lo ya sabido psicoanalítico, sino porque se evidencia una fragilidad notable de las formas de vinculación, de los lazos a los otros pero también al lenguaje, al inconsciente. Esto asociado al ascenso creciente de formas de presentación que alejándose de la división subjetiva, muestran una faceta de seudoprestigio explícito de la elección de goce sin demasiados revestimientos, hacen que la apuesta analítica deba jugarse, por momentos, más por el lado de aguantar el impacto del goce, sin pretender inmovilizar lo único que pareciera emerger, intentando calcular cuando convendría evitar el contragolpe de la perturbación defensiva, o la posible contraoferta de otras referencias. La cura no será sin los goces que el sujeto trae, pero será preciso ir deslindándolos a fin de establecer sus estatutos, sus modalidades, y en lo posible, si el sujeto consiente, acompañarlo en la experiencia de un aggiornamiento de su economía libidinal.