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Yo me quedo en ¿casa?

“No es para quedarnos en casa que hacemos una casa”. Así comienza el poema de Juan Gelman que en una aparente ironía para estos días se llama Costumbres. Un virus nos impone la necesidad de contradecirlo. De una informa impura la arquitectura se deshace en sus propios términos y la casa deviene repentinamente en un laberinto mitológico con un Minotauro a medida de cada uno. A los aficionados a la ficción no les faltará el suspenso de Casa tomada y el reduccionismo particular de saberse acorralado en su insospechada libertad. Pero si fuera tan cierta la sentencia kafkiana de que “cada hombre lleva en sí una habitación” ¿no cabría preguntarse por la vida de caracol que llevamos por delante? o para ser más pertinente ¿encima?  Arrastrando cada uno su cotidiana existencia y la casa. Pareciera que lo soportamos. Como afirma Heidegger, soportarse no es más que portarse. Entonces, quizás la cuestión no sea donde, sino cuanto…cuanto tiempo y Borges escribió “el tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema” en aquel extraordinario cuento llamado El jardín de los senderos que se bifurcan de la misma manera que lo hace el sentido detrás del hilo de Ariadna.