Ilustración: Romina Abel

“Venía de un territorio donde las palabras eran como locos, entes amenazadores o absurdos que vivían una vida propia”
por Sebastian Brennan

En el comienzo de mi formación, mientras estaba en la universidad, tuve la oportunidad de realizar mis prácticas en una clínica hospitalaria. La misma se regía por un discurso amo, el discurso de la medicina. Los pacientes ingresaban con su malestar y la solución que les ofrecían era una intervención quirúrgica. Un par de arreglitos y que la cosa siga marchando, «marchando», pero sin lugar alguno para la palabra. Mi experiencia de práctica, en aquel momento, estaba orientada a posibilitar un espacio distinto al que podría ofrecerle la institución médica, sostenida a poder alojar al sujeto de la urgencia, en un intento de poder decir sobre aquella dolencia en el cuerpo.

Desde aquel tiempo comenzaron a surgir preguntas orientadas a mi práctica y a mi formación en el ámbito clínico. Fue así que, en el recorrido de mi deseo, me encontré con el IOM.

Recuerdo una plenaria de Gerardo Maeso acerca del Seminario XVII mientras leía el recorte “venía de un territorio donde las palabras eran como locos, entes amenazadores o absurdos que vivían una vida propia“, intentando elucidar en mi posible entender cuestiones que se trabajaban, utilizó un concepto particular que me llamó la atención: “apalabrarse”.

Y traigo a referencia dicha palabra, ya que de palabras se trata, en cómo un sujeto puede perderse en ellas, ¿y (des) anudarse en ellas? En ciertos casos, una palabra puede ser lo más gratificante para el sujeto, en otros ciertamente puede ser devastador.

En mi reciente experiencia clínica, un paciente refiere sentirse acorralado y no saber qué hacer con el tema COVID. Frente a esa pregunta, surge un otro que le dice qué hacer: medios de comunicación. Sin entrar en debate acerca de los mismos (merecedor en algún otro momento) el sujeto permite dejarse avasallar con información, palabras, significantes. Las cuales, empiezan a ser cada vez más grandes e incontrolables, convirtiéndose en monstruos amenazadores con vida propia.

He ahí donde el psicoanálisis posibilita introducir un cambio discursivo a través del discurso del analista, “Venga, diga todo lo que se le ocurra, por muy dividido que esté, por mucho que demuestre que usted no piensa o que usted no es nada en absoluto, la cosa puede funcionar, lo que produzca será de recibo” (Lacan, 1970, pág. 112).

Una invitación a recorrer un camino orientado hacia el deseo y con todo lo que implica aquello. Un pasaje discursivo orientado a des-apalabrarse de aquellos absurdos, o por lo menos estarse advertido, pudiendo abordar aquel real con un saber-hacer posible, a medias, y subjetivo frente a su goce.

 

Bibliografía:

Lacan, J. (1969-1970). El seminario de Jacques Lacan: libro 17: El reverso del psicoanalisis. Buenos Aires: Paidós

 

 

Sebastián Brennan

Gran gusto por los días cálidos, comidas a la parrilla y truco.
Rodeado de la gente que quiero.
Practicante y estudiante del psicoanálisis.